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Full text of "Los peregrinos de piedra; pref. de R. Blanco-Fombona"

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University  of  Toronto 


http://www.archive.org/details/losperegrinosdepOOherr 


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:                             BIBLIOTECA                *            [     ^ 

1    Grandes  AUTORES  americanos   i   |^ 

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HERRERA    Y    REISSIG                  ) 

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:       CASA     EDITORIAL    GARNIER     HERMANOS     j     h 
\                          6.     RUÉ     DES   SAINTS  .PERES.     6                          \     1 

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Los 

Peregrinos  de  Piedra 


BIBLIOTECA   DE   GRANDES    AUTORES   AMERICANOS 
JULIO   HERRERA   REISSIG 

LOS 

PEREGRINOS 

DE  PIEDRA 

PREFACIO 

DE 

R.    BIvANCO-FOMBONA 


parís 

CASA  EDITORIAI.  GARNIER  HERVÍANOS 

6,    RUÉ   DES    SAINTS-PÉRES,    6 


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Julio   Herrera   REISSIG 

Julio  Herrera  Reisstg,  nacido  en  Montevideo,  como 
Jtdes  Laforgue,  es  uno  de  los  poetas  más  prominentes  y 
descumwidos  dd  grupo  modernista  americano.  También 
es  uno  de  los  más  originales,  si  ya  no  es  el  más  original 
de  todos. 

Distingüese  por  la  fohia  del  lugar  común,  por  la  impo- 
sición, de  un  yo  rarísimo,  por  un  temperamento  al  que 
tortura  ansia  de  originalidad]  por  su  manera  de  ver,  sen' 
tir,  interpretar  y  expresar  las  cosas.  Produce,  más  que 
ningún  otro  de  los  americanos,  la  impresión  de  lo  nuevo, 
de  lo  nunca  visto,  de  lo  inaudito.  Ha  hecho  correr  por 
nuestros  nervios,  como  el  cultivador  de  Las  venenosas 
flores  del  mal,  ignoto  escalofrió.  Su  manera  es  caprichosa 
j  arbitraria.  Tiene  salidas  de  tofto  equivalentes  a  las  de 
aquellos  pintores  impresionistas  que  exponen  cielos  ver- 
des, mujeres  azules  y  campos  de  bermellón.  Es  novedoso 


VI  PREFACIO 

y  sugerente.  Sugerente,  esa  es  la  palabra.  Considera  las 
cosas  inanimadas  o  impersonales  como  seres,  insufla 
personalidad  en  las  cosas;  parece  que  éstas  sienten  pa- 
siones, realizan  actos,  poseen  instintos  que  tienen  alma 
propia.  Las  ideas,  lo  abstracto,  se  personifica  en  sus  ver- 
sos, no  como  en  las  antiguas  piezas  de  teatro  en  que  apa- 
recían como  personajes  la  Religión,  el  Orgullo,  la  Bon- 
dad, etc.,  sino  por  un  procedimiento  que  consiste  en  in- 
fundir vida  a  lo  inanimado  y  poner  en  movimiento  lo 
inerte.  Su  poesía  es  abstrusa  y  metafísica  a  veces,  y,  a  ve- 
ces, clara  y  concreta.  Él  es  enigmático  en  su  unidad  varia: 
gongórico,  hialino,  burlesco,  trágico,  alocado,  múltiple, 
contradictorio.  Su  carro  lo  conducen  dos  corceles  enemi- 
gos :  la  ironía  y  la  piedad.  Y  cuando  chasquea  su  fusta 
sobre  la  cuadriga  de  consonantes  o  cuando  echa  la  pierna 
al  generoso  y  alado  Pegaso,  queda  uno  preguntando  hacia 
qué  punto  de  los  términos  de  Apolo  se  endereza  el  auto- 
medonte  o  ha  partido  el  jinete. 

No  es,  con  todo,  un  fenómeno  aislado  en  la  literatura 
moderna  :  es  producto  de  su  tiempo  y  de  corrientes  inte- 
lectuales y  estéticas  que  surcan  d  mundo  contemporáneo. 
Para  comprenderlo  mejor  veamos  a  qué  familia  de  espí- 
ritus pertenece.  Es  poeniano,  batidelaireano.  no  porque 


PREFACIO  VII 

imite  a  Poe  ni  a  Baudelaire,  sino  porque  su  alma  tiene 
coincidencias  con  la  de  aquellos  poetas,  porque  el  mundo 
exterior  los  impresiona  a  los  tres  de  una  manera  seme- 
jante. Baudelaire,  aparte  sus  actitudes  de  poseur,  ya 
literario,  ya  social,  que  es  lo  decorativo  y  teatral,  poseyó 
una  personalidad  artística  tan  profunda  y  tan  sorpren- 
dente que  la  frase  de  Víctor  Hugo,  atribuyéndole  la  crea- 
ción de  un  escalofrío  nuevo,  es  solo  traducción,  por  me- 
dio de  una  imagen  feliz,  de  una  verdad  psicológica.  El 
escalofrío  subjetivo  de  Víctor  Hugo  no  es  lo  raro,  lo  raro 
es  el  soplo  que  lo  produce,  lo  raro  es  Baudelaire.  Víctor 
Hugo  no  conocía  a  Edgar  Poe.  Lo  raro  es  Poe  y  su  pri- 
mogénito latino  :  Baudelaire. 

Poe  fué  un  poeta  celta,  de  familia  irlandesa,  con 
todas  las  virtudes  líricas  y  toda  la  potencialidad  de  pa- 
sión y  de  ensueño  propios  de  su  raza.  De  Poe  proceden, 
al  través  de  Baudelaire,  todo  el  simbolismo  francés  y  sus 
derivaciones  en  otras  partes,  modificados  por  otras  razas 
o  por  imperiosas  personalidades. 

Poe,  el  primero,  desencadenó  sobre  la  literatura  mo- 
derna esas  ráfagas  de  misterio  que  sacuden  una  gran 
selva  de  lirismo  donde  cantan  poetas  de  las  cinco  partes 
del  mundo.  Baudelaire,  al  soplo  de  misterio,  añadió  el 


\Tn  PREFAaO 

satanismo,  la  perversidad,  el  tedio  corrosivo,  la  suge- 
rencia, lo  raro,  la  inteligencia  de  las  cosas.  Las  cosas 
tuvieron  alma  y  voz ;  y  sobre  las  alas  de  la  ráfaga  tene- 
brosa de  Poe  se  oyeron  voces  inauditas  :  la  voz  de  las 
cosas,  hasta  entonces  mudas  e  inertes. 

A  esa  familia  de  espíritus,  de  los  que  sale  un  soplo  de 
misterio,  a  esa  familia  de  espíritus  que  saben  oir  e  inter- 
pretar el  alma  muda  de  las  cosas  inertes,  pertenece,  por 
adivinación  de  lo  incomprensible,  Julio  Herrera  Reissig. 
Es  el  pariente  lejano,  el  primo  de  Indias  :  es  rico  y  por 
su  aspecto  se  advierte  que  otras  brisas  y  otros  soles  han 
curtido  su  piel  y  dado  sello  diferente  a  su  fisonomía.  El 
indiano  no  se  confunde  con  los  demás  de  la  casa.  Es  él. 
Su  idealismo  tiene  por  base  la  geometría.  Es  un  realista, 
más  bien,  doblado  de  un  psicólogo.  Lo  demás  es  su  gran 
penacho  lírico. 


* 


A  pesar  de  su  aire  de  familia  es  desconcertante.  Entre 
los  poetas  modernos,  sin  exclusión  de  país  alguno,  es  de 


PREFACIO  IX 

lo  más  raro  y  potente.  Tiene  el  idealismo,  como  se  insi- 
núa, de  aquel  céltico,  de  aquel  irlandés  llamado  Poe, 
nacido  por  equivocación  del  destino,  o  para  amargura, 
del  poeta,  en  el  imperio  de  Calibán;  tiene  al  mismo 
tiempo,  aunque  parezca  contradictorio,  el  amor  de  lo  con- 
creto, de  lo  que  existe,  de  lo  vivo,  del  mundo  tangible, 
como  Gautier;  tiene  la  sugerencia  como  M aliarme; 
tiene  la  fohia  del  lugar  común  verbal  y  de  imágenes 
como  Baudelaire ;  tiene,  en  medio  de  su  claridad,  y  sobre 
todo  hacia  el  fin  de  su  vida,  la  tiniebla  de  locura,  como 
Lauireamont.  Es,  en  castellano,  único  hasta  ahora. 

Parece  imposible  que  este  poeta,  a  quien  el  adjetivo 
mejor  aplicable  es  el  de  raro,  haya  vivido  y  muerto  sin 
llamar  la  atención.  Un  toro  de  tres  cabezas  entre  los  toros 
comunes,  atrae  la  curiosidad;  un  caballo  con  dos  colas 
despierta  interés,  y  atroparía  multitudes  la  exhibi- 
ción de  algún  ejemplar  que  realizara  el  mito  de  los 
seres  fabulosos  :  el  caballo  con  busto  de  hombre,  la  mujer 
con  cola  de  pez;  o  un  monstruo,  como  el  grifo,  mitad 
león,  mitad  águila,  o  un  esperpento  como  la  quimera,  el 
cuerpo  de  cabra,  la  cabeza  leonesca,  la  cola  de  dragón;  o 
el  unicornio,  el  cerbero,  o  los  hipocampos  de  Neptuno.  Y 
si  estas  curiosidades  fijarían  las  miradas  de  los  más 


X  PREFACIO 

indiferentes:  ¿cómo  no  pudo  fijarlas  ese  poeta  de  zarpas 
leoninas  y  alas  de  cóndor,  esa  mentalidad  enfermiza, 
huraña,  madura,  revesada,  graciosa  y  ágil  ?  La  razón 
fio  es  quizás  tan  difícil  de  alcanzarse. 

Para  sorprenderse  con  un  animal  extraño  basta  la 
contemplación  con  los  ojos  materiales',  para  penetrar  a 
un  espíritu  superior  es  menester  otro  linaje  de  contem- 
plación, es  menester  el  don,  tan  raro,  de  saber  admirar, 
y  los  no  menos  raros  de  juzgar  y  comprender.  Sólo  asi 
explícase  que  Julio  Herrera  Reissig  haya  pasado  ignoto 
y  solitario  por  la  vida,  sin  un  aplauso,  sin  que  sus  pasos 
marcaran  huella  en  la  pétrea  incomprensión  ni  sus  pa- 
labras suscitaran  eco  en  los  murados  corazones 

De  su  Uruguay  nativo,  de  todo  el  Plata,  de  la  Amé- 
rica entera,  puede  afirmarse  que  teniendo  ojos  no  vio  y 
que  no  oyó  teniendo  oídos. 

Herrera  Reissig  no  representa  únicamente  figura  ais- 
lada del  modernismo  americano ;  no  es  vocación  poética 
despertada  exclusivamente  por  el  simbolismo  de  Francia 
y  que  se  reduce  a  repetirlo  o  parodiarlo  en  lengua  españo- 
la. No.  Si  hubo  alguna  vez  personalidad  bien  definida, 
dentro  de  la  familia  de  espíritus  a  que  pertence,  y  la  es- 
cuela literaria  en  que  puede  clasificársele,  esa  es  la  de  este 


PREFACIO  XI 

cantor  de  Los  peregrinos  de  piedra.  Darío,  Lugones, 
Jaimes  Freyre,  Ñervo,  Casal  no  tuvieron  otra  cultura 
sino  la  francesa  y  española  ;  y  acaso  un  poco,  muy  poco, 
y  circunscrita  a  tres  poetas :  Carducci,  Stechetti,  d'Anun- 
zio,  la  italiana;  ellos  son,  apenas,  resonancias,  de  cuando 
en  cuando  magníficas,  del  simbolismo  francés  al  que 
siguieron,  en  veces  demasiado  servilmente,  y  del  que 
otras  veces,  las  menos,  se  olvidaron  adrede,  con  franca 
independencia.  Herrera  Reissig  es  caso  diferente.  Aun- 
que de  origen  simbolista,  él  posee  una  cultura  clásica, 
de  buena  ley ;  no  cultura  de  traducciones  sino  bebida  en 
las  fuentes  griega  y  latina,  y  no  prescinde  famas  de  su 
imperativa  personalidad.  Conoce  también  a  fondo,  como 
se  verá,  la  literatura  española  de  cuando  esta  literatura 
cuajaba  en  frutos  de  oro.  Es,  además,  un  espíritu  poten- 
tísimo, que  parte  como  un  rehilete  hacia  lo  infinito  y  se 
pierde,  en  ocasiones,  entre  nubes  de  locura.  Es  ^netafí- 
sico  y  envuelve  su  pensamiento  en  nebulosidades.  Las 
nebulosidades  son  en  él,  cuando  ocurren,  dobles  y  no 
debemos  confundirlas  :  una  es  la  nebulosidad  del  con- 
ceptista, por  sacarle  punta  a  la  frase,  del  conceptista 
que  confina  con  Quevedo  y  con  Góngora,  por  odio  del  lu- 
gar común  y  de  la  expresión  trillada  ;  otra  es  la  nébula- 


xa  PREFACIO 

sícCad  ideológica  por  sacarle  punta  al  pensamiento,  o 
porque  el  espíritu  del  poeta  se  extravía  en  lo  infinito. 
Nebulosidad  de  expresión  es  ésta  : 

Es  un  cáncer  tu  erotismo 

De  absurdidad  taciturna,  > 

Y  florece  en  mi  nocturna 

Fiebre  de  virus  madrastros. 

Como  un  cultivo  de  astros 

En  la  gangrena  nocturruu 

A  veces  arriba  el  poeta  al  quevedismo  : 

Carnívora  paradoja 
Funambulesca  Danaida, 
Esfinge  de  mi  Tebaida 
Maldita  de  paradoja... 

Hasta  ahí  lo  que  respecta  a  expresión.  Las  nebulo- 
sidades de  pensamiento  son  de  otro  linaje,  aunque  no  lo 
Parezca  al  ojo  del  vulgo.  He  aquí  un  ejemplo  ; 

Todo  es  postumo  y  abstracto 
Y  se  intiman  de  monólogos 
Los  espíritus  ideólogos 
Del  Incognoscible  Abstracto... 
Arde  el  bosque  estupefacto 
En  un  éxtasis  de  luto. 


PREFACIO  yTTT 


Y  se  electriza  el  hirsuto 
Laberinto  del  proscenio 
Con  el  fósforo  del  genio 
Lóbrego  de  lo  Absoluto. 

Todo  suscita  el  cansancio 
De  algún  pais  psico-fisico 
En  el  polo  metafísico 
De  silencio  y  de  cansancio.. 
Un  vaho  de  tiempo  rancio 
Historia  la  unción  plenaria, 

Y  cunde  ante  la  arbitraria 
Lógica  de  la  extensión. 
La  materialización 

Del  ánima  planetaria. 

Lo  Sub-Consciente  del  mismo 
Gran  Todo,  me  escalofría ; 

Y  en  la  multitud  sombría 
De  la  gran  tiniebla  afónica 
Fermenta  una  cosmogónica 
Trompeta  de  profecía. 


Este  obscuro  metafísico  es  asimismo  cuándo  se  lo  pro- 
pone o  cuando  su  espíritu  lo  ordena^  desde  las  tenebro- 
sidades inexploradas  de  lo  subconsciente,  el  más  claro 
poeta. 

Nace  el  Verso.  Primavera 
Suave  posa  el  pie  de  ocre; 


XrV  PREFACIO 

i 

Ríen  los  labios  de  leche 

De  los  luceros  precoces; 
Por  la  .nontaña  implacable 
Sísifo  empuja  su  mole; 
Coros  de  ninfas  hurañas 
Repican  su  leve  trote. 
Mientras  que  faunos  velludos 
Guiñan  con  ojos  bribones... 
Todo  exulta.  Ríe  Átropos; 
Ríe  el  moroso  Aqueronte; 
Jano  enerva  el  combustible 
De  las  crespas  Hecatombes; 
Bulle  Psiquis  por  el  parque 
Li^'iano  de  los  Amores; 
Peina  el  mar  con  su  tridente 
Neptuno  desde  la  Cólquide, 
Y  entre  pluviales  gavillas, 
Una  fragancia  salobre 
Denvmcia  el  baño  de  Venus 
En  el  ámbar  de  su  cofre... 

¿Por  qué  se  inspiran  los  Plectros? 
¿  A  dónde  va  el  dios  bicorne  ? 
¿Por  qué  erigen  sus  cráteras 
Los  divinos  Anfitriones?... 
Asimie  Urano  la  cuadriga 
Trascendental  de  su  coche; 
Las  puertas  del  Gineceum 
Giran  de  pronto  en  sus  goznes, 
Y  entra  Apolo  con  la  gracia 
De  las  ninfas  de  Sycione... 
Quirón  y  Neso  radiantes 


PREFACIO  XV 

Sobre  las  iras  del  vórtice, 
Interrumpen  en  el  cielo 
Sus  elípticos  galopes... 

Ya  habéis  visto  el  alboroto  y  fausto  de  esa  fiesta.  Es  la 
Recepción  a  un  poeta.  Oid  el  apostrofe  con  que  se  saluda 
en  la  inmortalidad  al  poeta  que  arriba  : 

...tú  has  hecho 
Temblar  los  antiguos  robles; 
Por  ti  lloraron  de  dicha 
I/3S  líricos  ruiseñores, 

Y  despertó  la  Syringa 
Solariega  de  los  bosques 

Y  Pan  floreció  su  granja 
Para  los  sátiros  pobres. 
Por  ti  colmaron  su  cuerno 
De  fresas  y  tiernos  brotes. 
De  mieles  y  de  avellanas, 
I(OS  prometidos  pastores 

Y  trenzaron  sus  cabellos 
Con  tilos  y  caracoles; 

Por  ti  prolongan  su  pascua 
Los  caprípedes  veloces 

Y  Baco  para  el  invierno 
Preña  de  néctar  sus  odres; 

Tú  has  hecho  que  el  noble  Paros 
Burle  la  ley  de  Caronte 

Y  en  las  ubres  de  Cibeles 
El  duro  pezón  retoñe,- 


XVI  PREFACIO 

Que  Venus  auspicie  el  celo 
De  las  canículas  torpes 

Y  que  maduren  laS  ninfas  ' 

Y  que  las  musas  retocen 

Y  que  en  las  ánforas  nuevas 
El  vino  antiguo  remoce... 

Este  romance  todo  es  una  obra  maestra  de  gracia,  de 
frescura,  de  originalidad,  de  inspiración,  de  verbo.  Des- 
de Góngora  a  nuestros  dias,  ¿cuántos  se  han  escrito  en 
castellano  que  lo  superen? 

En  la  obra  Herrera  Reissig  desborda,  junto  con  el 
caudal  poético,  irisándolo,  acre  ironía.  Pero  su  ironía 
no  es  malvada  ni  venenosa.  Es,  a  veces,  más  bien,  tan 
llena  de  luz  y  de  lágrimas,  que  se  confunde  con  la  piedad. 
Ironista,  no  de  palabras,  como  juglar  de  sonrisa  barata, 
su  ironía  consiste  en  dejar  caer  los  ojós  y  la  pluma  sobre 
segmentos  obscuros  y  grotescos  de  la  vida  :  él  observa  y 
siííbraya  con  un  guiño  de  ojos.  Y  si  la  mirada  suya  le  pa- 
I  ecc  hiriente  y  burlona,  donde  puso  la  mirada  y  la  son- 
risa extiende  un  adjetivo  balsámico  de  piedad.  El  cura, 
ese  pobre  cura  de  villorrio,  nadie  lo  ha  visto  ni  pintado 
mejor.  El  cuadrito,  donde  se  destaca  el  presbítero  cam- 
pesino ffno  es  dechado  de  minucias,  de  verbo,  de  melan- 
colía, de  burla,  de  piedad? 


PREFACIO  XVII 

Es  el  cura.  Lo  han  visto  las  crestas  silenciarias, 
Luchando  de  rodillas  con  todos  los  reveses. 
Salvar  en  pleno  invierno  los  riesgos  montañeses 
O  trasponer  de  noche  las  rutas  solitarias. 

De  su  mano  propicia,  que  hace  crecer  las  mieses. 
Saltan  como  sortijas  gracias  involuntarias; 

Y  en  su  asno  taumaturgo  de  indiligencias  plenarías. 
Hasta  el  mnbral  del  cielo  lleva  a  sus  feligreses... 

Él  pasa  del  hisopo  al  zueco  y  la  guadaña; 

Él  ordeña  la  pródiga  ubre  de  la  montaña  ^ 

Para  encender  con  oros  el  pobre  altar  de  pino; 

De  sus  sermones  fluyen  suspiros  de  albahaca  : 
El  único  pecado  que  tiene  es  im  sobrino... 

Y  su  piedad  hvmiilde  lame  como  ima  vaca. 

Pero  Herrera  Reissig  es  un  alma  trágica,  un  alma  tor- 
turada por  el  pensamiento  y  por  la  vida,  un  hombre  de 
nervios  exasperados.  Sus  pinceladas,  a  veces,  no  tienen 
la  honhomía  sonriente  que  puso  en  el  boceto  del  clérigo 
montañés ;  traducen,  por  un  rasgo  de  sombra  o  una  luz 
sulfúrea  e  infernal,  no  al  espíritu  perverso,  porque  el 
suyo  no  lo  es,  sino  al  espíritu  asaeteado,  como  el  cuerpo 
de  San  Sebastián,  por  flechas  que  llueven  de  los  cuatro 
puntos  cardinales  de  la  vida  externa  y  de  la  vida  inte- 
rior. El  poeta,  que  no  es  un  egotista  de  exhibición,  disuelve 


XVín  PREFACIO 

SU  yo  en  las  cosas,  hace  la  transposición  de  sus  dolores  y 
en  vez  de  exponer  su  tragediu  personal  ve  el  mundo  en 
trágico.  A  veces  finaliza  los  cuadros  más  regocijados  con 
un  detalle  dramático.  Escenas  de  campo  o  trozos  de  vida 
ciudadana  concluyen  sn  ocasiones  por  tm  rasgo  de  pe- 
sadilla. 

Dedos  entre  la  sombra  se  alzan  hacia  los  astros, 

O  bien : 

Aullan  a  los  diablos  los. perros  del  convento. 

Burlesco  y  trágico,  mezcla  la  mofa  y  la  lágrima,  no 
subjetiva  y  sentimentalmente,  a  la  manera  del  divino 
Heine,  sino  impersonal  y  objetivamente,  por  medio  de 
un  rasgo  o  un  detalle  que  sugiere  el  recuerdo  de  aquel 
psicólogo  de  la  angustia  llamado  Dostoyesky. 

Aun  en  este  volumen  de  lyos  peregrinos  de  piedra, 
único  publicado  hasta  ahora  y  único  por  d  que  puede, 
hasta  aJwra,  juzgársele.  Herrera  Rcissig  aparece  poeia 
múltiple  y  vario,  cofi  su  sello  personal  inconfundible.  A 
Lugones  se  le  puede  encontrar  genitor  e  inspirador  en  La- 
forgue,  a  Darío  en  Verlaine,  a  Gutiérrez  N ajera  en  Mus- 
set.  A  Julio  Herrera  Reissig  no  se  le  encuentra  señor.  Su 


PREFAaO  XIX 

espalda  no  lleva  marca  de  esclavitud.  En  su  predio  no  flore- 
cen plantas  ajenas.  Su  piragua  no  surca  sino  agudas  de  su 
lago  patrimonial.  El  es  él.  Y ,  repito,  'vario  y  múltiple. 
Gusta  de  pintar  campo  y  aldea.  A  vec.es  enitrevera  las 
líneas  y  los  colores.  Algunos  sonetos  pareceiír  capitulos.de 
Balzac  que  concluyen  en  églogas  de  Virgilio.  Otras  veces 
madrigaliza  melancólicamente.  El  zagal  y  la  m^oza  :  Job 
y  Lux,  se  aman,  aunque  riñen  como  todos  los  enamora- 
dos. Es  el  día  del  saneo  de  Lux  :  el  amante  no  jestá.  en  la 
casa  de  fiesta  ;  sólo  las  amigas, 

La  obsequian  y  la  adulan...  Bulle  la  danza,  en  tantc 
Ivux  ríe.  Su  hermosura  esa  noche  destella... 

Mas  de  pronto  se  vuelve  con  nervioso  desvelo. 
La  cabeza  inclinada  y  los  ojos  al  cielo. 
Pues  ha  oido  que  llora  la  zampona  por  ella. 

Otras  veces  tiene  versos  magníficos  de  sugerencia.  Asi 
dice  al  domingo  : 

El  pobre  mendicante  es  el  que  más  te  ordeña. 

La  melancolía,  una  melancolía  ya  áspera,  yaevanes- 
,cef¡ie,  nace  a  menudo  de  las  palabras  de  sus  personajes, 
o  bien  brota  de  sus  actos ;  y  en  ocasiones  hasta  de  las 


XX  PREFACIO 

cosas  inanimadas  surge  la  melancolía  y  flota  encima  de 
días  como  azulada  nébula  de  angustia. 

Pero  esta  melancolía  no  se  percibe  a  veces  porque  es 
tan  sutil  que,  más  que  de  entre  las  palabras,  se  difunde  de 
entre  la  idea. 

De  pronto,  a  la  campana,  todo  el  valle  responde  : 
La  madre  de  rodillas,  su  casto  seno  esconde ; 
Detiénese  el  labriego  y  se  descubre,  y  arde 

Su  mirada  en  la  súplica  de  piadosos  consejos... 
Tórnanse  al  campanario  los  bueyes.  A  lo  lejos 
Bl  estruendo  del  río  emociona  la  tarde. 

Es  verdad  que  aquí  hay  seres  racionales  y  no  racionales, 
y  que  aun  las  cosas  del  croquis,  como  campana  y  río, 
parece  que  tienen  vida,  por  cuanto  tienen  voz.  Otras 
veces  no  ocurre  tal. 

Por  lo  demás  ese  ángelus,  ¿no  evoca  el  Ángelus,  car- 
gado de  sentimiento  poético,  del  normando  Millet?  El 
artista  de  pincel  y  el  de  pluma  coinciden  en  despertar  la 
emoción  con  la  mera  pintura  de  un  rincón  de  campo  donde 
se  sobrecoge  pareja  de  toscos  labriegos  a  la  hora  de 
la  oración.  Quizás  el  recuerdo  del  pintor  pasó  por  la 
mente  del  bardo ;  pero,  ¿no  se  necesita  un  sentimiento 
profundo  e  irradiante,  casi  religioso,  de  la  naturaleza 


PREFACIO  XXI 

■para  exprimirle   esa  majestad  y    hacérnosla    sentir  ? 

Nadie  es,  con  todo,  menos  poeta  de  la  naturaleza,  en 
el  sentido  de  Rousseau  y  de  Bernardina  de  San  Fierre 
que  este  quintaesenciado  poeta,  a  quien  preocupa  el  ver 
las  cosas  de  modo  singular,  personal,  único,  y  que  tamiza 
cuanto  observa  al  través  de  aquella  imaginación  suya, 
entenebrecida  de  muerte,  de  misterio  y  locura. 

Pero  eso  prueba  lo  enigmático,  lo  complicado  de  este 
poeta. 

Es  paisajista,  no  a  la  manera  simple  de  pintores  holan- 
deses como  Ruisdael  y  Hobbema,  sino  interpretando  los 
paisajes  según  la  comprensión  de  Amiel.  Un  paisaje 
es  un  estado  de  alma.  En  sus  paisajes  aparece  la  figura 
humana,  o  tras  sus  figuras,  como  en  los  lienzos  de  Leo- 
nardo, se  esboza  unpaisaje,  más  o  menos  amplio,  correla- 
tivo con  la  psicología  del  personaje.  Ruth  y  Fanor,  en 
una  decoración  campesina,  tocan,  aquella  su  citara  y 
éste  su  oboe.  La  noche  cae;  los  instrumentos  se  callan; 
se  entrelanzan  las  cuatro  manos;  el  amor  se  enciende.  El 
poeta,  con  arte  de  sabiduría,  lo  apunta  por  medio  de  este 
detalle  del  paisaje : 

De  pronto,  como  bajo  la  varilla  de  mi  hada, 
Fuegos,  por  todas  partes,  brotan  sobre  ias  cumbres. 


XXn  PREFACIO 

En  medio  de  sus  paisajes  rurales  o  aldeanos  stielen 
aparecer  bueyes,  simbolizando  la  paz ;  perros,  qtte  indi- 
can ya  domesticidad ;  retazones  asnos,  que  representan 
travesura.  Llega  a  acttpar  el  centra  del  paisaje  una 
figura  inanimada  que  asume  vida,  a  bien  el  paisaje  deja 
de  serla  para  convertirse  en  pintura  de  un  cuerpo  inerte 
que,  por  obra  y  gracia  del  poeta,  cobra  ser.  Asi  'EX 
monasterio. 

A  una  menesterosa  disciplina  sujeto, 
Él  no  es  líadie,  él  no  Ince,  él  no  vive,  él  no  medía, 
Descalzo  en  dura  arcilla,  con  el  sayal  escueto, 
La  cintura  humillada  por  borlones  de  hiedra... 

Inmóvil  ermitafio  sin  gesto  y  sin  palabras. 
En  3U  cabeza  anidan  cuervos  y  golondrinas. 
Le  arrancan  el  cabello  de  musgo  algimas  cabras 

Y  misericordiosas  le  cubren  las  glicinas. 

A  menudo,  no  ya  las  cosas  sino  las  ideas  mismas 
aswnen  vida  en  los  versos  de  Herrera  Reissig.  Así 
observa  : 

Un  orgullo  que  gruñe  como  un  perro  á  la  puerta, 
o  bien  : 

Y  su  piedad  humilde  lame  como  una  vaca 


PREFACIO  XXIII 

Según  se  advierte  por  los  fragmentos  transcritas,  que 
adrede  he  menudeado,  Julio  Herrera  Reissig  es  potente 
y  originalisimo  poeta. 

Deslizase  su  verso  entre  expresiones  novedosas  e  imá- 
genes osadas,  procurándonos  el  placer  de  encantadoras 
sorpresas;  deslizase,  bajo  un  cielo  azul,  por  un  verde 
prado,  como  traslúcida  vena  de  agua.  De  súbito  el  agua 
se  enturbia  ;  el  azur  se  entenebrece,  el  campo  se  cubre  de 
una  flora  dañina.  Sopla  un  hálito  de  muerte  y  de  locura. 

En  el  Coro  de  la  Noche 
Cárdena  del  otro  mundo. 
Retumban  su  «  De  Profundo  » 
Ivos  monjes  de  media  noche... 
Desde  el  pulpito  un  fantc>che 
Cruje  un  responso  malsano, 

Y  se  adelanta  im  Hermano, 

Y  en  cavernosas  secuencias, 
I/e  rinde  tres  reverencias 
Con  la  cabeza  en  la  mano. 

Este  religioso  que  rinde  tres  reverencias  con  la  cabeza 
en  la  mano,  parece  escaparse  a  un  Agua  fuerte  de  Rops 
a  de  aquel  inquietante  y  trágico  Julio  Ruelas.  Ese  des- 
cabezado nos  conduce  a  departamentos  de  psiquiatría  que 
parten  límites  con  el  imperio  tenebroso  do?ide  Hamleí 


XXIV  PREFACIO 

desrazona,  Wierz  pinta,  Mau^assant  busca  sus  ideas 
y  Nietzsche  exhala  su  genio. 

Toda  esa  Tertulia  lunática  pide  la  ducha  helada  y  la 
camisa  de  fuerza.  El  neuropático  en  una  crisis,  escucha 
una  serenata  de  alucinación,  ve  lo  que  no  se  mira  sino 
con  los  ojos  alucinados  del  Rey  Lear,  y  oye  lo  que  fío  se 
escucha  sino  desde  las  camas  de  hospital 

Un  arlequín  tarambana 

Con  un  toc-toc  insensato. 

El  tonel  de  Fortunato 

Bate  en  mi  sien  tarambana... 

Siento  sorda  la  campana 

Que  en  mi  pensamiento  intuye; 

En  el  eco  que  refluye, 

Mi  voz  otra  voz  me  nombra; 

Y  hosco  persigo  en  mi  sombra 

Mi  propia  entidad  que  huye! 

No  se  discierne  claro  dónde  concluye  la  ironía  y 
empieza  el  delirar.  Todo  el  poema  es  una  vaga  tiniehla 
de  locura,  zebrada  de  relámpagos  de  oro.  Estaba  el  poeta 
cerca  de  su  fin.  Poema  y  vida  terminaron  en  1909. 

Por  ese  poema  se  descubre  patente  que  Herrera  Reissig 
era  un  vesánico.  A  qué  rama  de  la  familia  neuropáüca 
pertenecía?  Esto  pueden  y  deben  precisarlo,  con  más 


PREFACIO  XXV 

competencia  que  nadie,  sus  compatriotas,  conocedores 
de  la  vida  y  obras  del  poeta.  Desde  luego  puede  asegu- 
rarse, sin  temor  de  errar,  que  ese  tonel  de  Fortunato  que 
bate  en  su  sienes,  esa  sorda  campana  que  en  su  pensa- 
miento intuye,  esas  voces  que  lo  llaman,  etc.  pertenecen 
al  número  de  alucinaciones  del  oído,  lo  que  el  psiquiatra 
alemán  Wernicke  llama  akoasmas  y  que  consisten, 
según  Fursac,  en  «  zumbidos,  silbos,  gritos,  quejas, 
son  de  campanas,  detonación  de  armas  de  fuego,  etc.  » 
(Manuel  de  psychiatríe,  pág.  43). 

Asimismo  el  perseguir  en  la  sombra  su  propia  enti- 
dad que  huye  ¿no  es  un  desdoblamiento  mórbido  de  la 
personalidad,  una  idea  delirante? 

La  poesía  de  Herrera  Reissig  no  se  parece,  como  se  ha 
visto,  a  la  de  todo  el  mundo.  No  es  él  ciudadano  que  anda 
pacífico  por  la  calle,  sino  piloto  de  un  aeroplano  que  se 
pierde  en  las  estrellas.  El  hombre  de  a  pie  no  cae  y  si 
cae  no  pierde  la  vida.  El  que  pilotea  en  los  aires  perece 
cuando  se  desprende  de  las  alturas. 

Recuérdenlo  cuantos  indiqurcn,  en  son  de  censura, 
aberraciones  y  yerros  en  los  versos  de  semejante  poeta  e 
intenten  mensurar  este  picacho  de  los  Andes  con  una 
vara  de  tienda. 


XXVI  PREFACIO 


* 


Herrera.  Reissig  fué  un  antisocial  o,  con  más  justeza, 
tm  asocial,  es  decir  :  un  rebelde,  un  bohemio,  un  sujeto 
de  difícil  acomodamiento  gregario,  y  por  eso,  y  por  ver 
la  Trida  a  lo  poeta,  un  vencido.  Pertenecía  a  una  familia 
empingorotada,  de  la  tnejor  ralea.  Herrera  y  Obes,  el 
estadista  uruguayo,  antiguo  presidente  de  la  República, 
era  su  deudo  cercano.  Sin  embargo,  Herrera  Reissig,  con 
parentela  pudiente  y  de  resonancia  y  con  tanto  talento, 
fracasó.  Y  fracasó  por  ser,  repito,  un  asocial;  pero 
también,  en  mttcka  parte,  por  ser  un  poeta  y  sólo  un 
poeta,  aunque  dada  su  múltiple  capacidad  y  varia  cul- 
tura hubiese  escrito,  como  parece,  sobre  cuestiones  socia- 
les. 

En  las  orillas  del  Plata  prevalece,  como  en  las  oriUas 
del  Hudson,  fnercaniilismo  de  pueblos  mercuriales  que 
no  deja  sitio  para  los  esparcimientos  del  espiritu  ni 
aprecia  sino  las  lab  oresuHlitarias.  Especulaciones  de  la 
inteligencia  no  tienen  allí  todavía  ese  calor  de  acogida,  esa 


PREFACIO  XXVII 

comprensión  que  les  permite  florecer.  Digo  todavía  porque 
si  algunos  pueblos  de  A  mérica  parece  que  están  llamados, 
en  porvenir  no  remoto,  a  producir  grandes  artistas  son 
Uruguay  y  la  Argentina.  Pobladas  ambas  repúblicas  por 
razas  soñadoras,  va  a  fructificar  allí  la  más  pura  cepa 
laiina,  cruzada  con  el  enérgico  vastago  ibérico,  o  con 
razas  del  norte  europeo  que  imprimirán  tal  vez  rasgos 
psicológicos  nuevos  al  hombre  y  al  arte  de  aquellas  re- 
giones. Viven  hoy  los  ptceblos  ríopiatenses  en  el  afán  del 
lucro  :  pero  ya  ricos  como  son,  empiezan,  en  sus  mejores 
elementos,  a  leer,  y  leen  ya  casi  tanto  como  Colombia  y, 
tal  vez,  más  que  los  demás  pueblos  hispanos  del  conti- 
nente :  el  ocio  fecundo,  la  contemplación  y  el  don  de  admi- 
rar, suscitarán  latentes  aptitudes  de  urui  raza  qua  hoy 
mismo,  a  pesar  del  medio  impropicio,  cuenta  a  un  Rodrí- 
guez Larreta,  a  un  Herrera  Rdssig,  a  un  Enrique 
Banch,  a  un  Lugones,  y  al  apóstol  más  generoso  de 
idealismo,  al  maestro  más  influyente  de  la  juventud 
americana,  al  más  claro  pensador  del  continente,  al 
mayor  de  cuantos  en  nuestros  días  derraman  su  espíritu 
en  la  lengua  de  fray  Luis  de  Granada  y  de  Quevedo  ; 
á  José  Enrique  Rodó. 
El  Uruguay,  que  desconoció  al  más  expectable  de 


XXVni  PREFACIO 

SUS  cantores,  vino  a  darse  cuenta  de  que  contaha  un 
poeta  cubando  éste  murió,  en  el  más  completo  e  inmere- 
cido abandono,  cuando  el  entusiasmo  de  América  vibró 
en  sus  ráfagas  el  nombre  del  sin  ventura,  cuando  la 
misma  España  enviaba  un  mensaje  fraterno,  —  que  era 
homenaje  postumo,  en  la  palabra  cálida  y  andaluza  de 
Villaespesa. 

En  1905,  aparecía  en  Buenos  Aires  un  libro  de  Leo- 
poldo Lugones  titulado  Los  crepúsculos  del  jardín.  En 
ese  volumen  puso  en  circulación  Lugones,  con  más  éxito 
que  el  uruguayo,  e  imprimiéndoles  sello  y  nombre,  todas 
las  novedades  de  Herrera  Reissig.  Herrera  Reissig  fué 
para  el  Lugones  de  Los  crepúsculos  del  jardín  lo  que  el 
Perugino  fué  para  Rafael ;  fué,  tal  vez,  más.  Los  lectores 
de  la  Antología  que  publica  Santos  pueden  cotejar  los 
sonetos  de  Herrera  Reissig  con  los  sonetos  de  Los  cre- 
púsculos. Así  descubrirán  la  filiación  de  estos  últimos.  Por 
lo  pronto  me  serviré,  para  ilustrar  mi  opinión,  de  algu- 
nos ejemplos. 

El  poeta  de  Montevideo  escribió  en  El  Baño  de  tres 
doncellas,  Foloe,  Safo  y  Ceres  : 

...Se  abrazan  á  las  ondas 
Que  críspanse  con  lúbricos  espasmos  masculinos. 


PREFACIO  XXIX 

El  -poeta  de  Buenos  Aires  empezó  luego  aquel  hermo- 
sísimo soneto  titulado  Oceánida  con  este  verso  : 

El  mar,  lleno  de  urgencias  masculinas. 

Hay  un  soneto  de  Herrera  Reissig  titulado  El  Enojo. 
Empieza  de  este  m^do  : 

Todo  fué  asi  :  sahumábase  de  lilas 
Y  de  heliotropo  el  viento  en  tu  ventana  : 
La  noche  sonreía  á  tus  pupilas 
Como  si  fuera  tu  mejor  hermana. 

Lugones  escribe : 

Sahumáronte  los  pétalos  de  acacia; 

(Conjunción.) 

Y  en  otro  soneto  : 

La  estrella  que  conoce  por  hermanas 
Desde  el  cielo  tus  lágrimas  tranquilas... 

{El  éxtasis.) 

Dice  el  de  Montevideo  : 

Acá  y  allá  maniobra  después  con  tm  plmnero, 
Mientras  por  una  puerta  que  da  a  la  sacristía 
Irrumpe  la  gloriosa  turba  del  gallinero. 


XXX  PRBFA.CIO 

Y  d  de  Buenos  Aires  : 

Por  la  puerta 
Asomaron  racimos  de  glicinas. 
Y  llegó  de  la  huerta 
Un  maternal  escándalo  de  gallinas 

La  imitación  del  procedimiento  es  constante  y  se  -pre^ 
cisa  más  todavía  en  otros  poemas.  Herrera  termina  su 
soneto  Decoración  heráldica  con  el  terceto  que  transcriho: 

Buscó  el  suplicio  de  tu  regio  yugo, 

Y  bajo  el  raso  de  tu  pie  verdugo 
Puse  mi  esclavo  corazón  de  alfombra. 

y  Lugones  concluye  su  lindo  soneto  El  color  exótico 
con  el  terceto  siguiente  : 

Se  apagó  en  tu  collar  la  última  gema 

Y  sobre  el  broche  de  cu  liga  crema 
Crucifiqué  mi  corazón  mendigo. 

Pero  ejemplos  sueltos  no  pueden  dar  idea.  Lugones 
posee  demasiado  talento  para  imitar  mot  á  mot.  Lo  que 
ha  imitado  en  Herrera  Reissig  es  el  procedimiento, 
como  antes  lo  había  imitado  en  Víctor  Hugo  (Montañas 
de  oro)  y  después  en  Jules  Laforgue  (Ltinario  senti- 
mental). Ceñiréme  a  un  solo  ejemplo,  que  es  *m$  que 


PREifACiO  XXXI 

suficiente.  El  que  quiera  otros  compare  lyos  crepúsculos 
del  jardín  con  Los  peregrinos  de  piedra. 
He  aquí  un  soneto  de  Herrera  Reissig. 

BOI,EÓRir,I,ANTE 

Fundióse  el  día  en  mortecinos  lampos, 

Y  el  mar  y  la  cantera  y  las  aristas 
Del  monte,  se  cuajaron  de  amatistas. 
De  carbvmclos  y  raros  crisolampos. 

Nevó  la  lima  y  un  billón  de  ampos 
Alucinó  las  caprichosas  vistas, 

Y  embargaba  tus  ojos  idealistas 
El  divino  silencio  de  los  campos. 

Como  un  exótico  abanico  de  oro. 
Cerró  la  tarde  en  el  pinar  sonoro  !... 
Sobre  tus  senos,  a  mi  abrazo  impuro. 

Ajáronse  tus  blondas  y  tus  cintas, 

Y  erró  a  lo  lejos  un  rumor  obscuro 
De  carros,  por  el  lado  de  las  quintas ! 

(H.R..) 

Se  trata  en  este  magnifico  poemita  de  un  idilio,  a  la 
tarde  muriente.  El  tema  no  puede  ser  más  simple  ;  pero 
¡qué  divinamente  complicada  la  exposición!  He  ahí  el 
viejo  amor,  en  versos  nuevos.  He  ahí  lo  eternamente 


XXXn  PREFACIO 

conocido  de  un  modo  antes  no  visto.  Todavía  hay  nove- 
dad en  el  mundo :  solo  que  la  novedad  no  está  en  las  cosas 
sino  en  los  nervios,  en  el  espíritu  de  un  hombre. 

Sentir  y  expresar  de  tal  suerte  revela  auténtica  perso- 
nalidad de  excepción. 

Léase  ahora  otro  soneto  de  Lugones :  también  un  idilio, 
a  la  tarde  muriente. 

DEI^CTACIÓN  MOROSA 

La  tarde,  con  ligera  pincelada 
Que  iluminó  la  paz  de  nuestro  asilo. 
Apuntó  en  su  matiz  crisoberilo 
Una  sutil  decoración  morada. 

Surgió  enorme  la  Ivma  en  la  enramada; 
Las  hojas  agravaban  su  sigilo, 

Y  ima  araña  en  la  punta  de  su  hilo, 
Tejia  sobre  el  astro,  hipnotizada. 

Poblóse  de  murciélagos  el  combo 
Cielo,  a  manera  de  chinesco  biombo; 
Tus  rodillas  exangües  sobre  el  plinto 

Manifestaban  la  delicia  inerte, 

Y  a  nuestros  pies  vm  río  de  jacinto 
Corría  sin  rumor  hacia  la  muerte. 

(L.  1., 


?», 


PREFACIO  xxxm 

El  tema  es  el  mismo.  La  ejecución  es  la  misma.  Lo 
que  fué  novedad  en  Herrera  Reissig,  se  convierte  en 
procedimiento  en  Lugones;  a  la  originalidad  virgínea 
del  uruguayo  sucede  la  simulación  de  originalidad  en  el 
argentino. 

No  se  necesita  ser  un  critico  de  letras  ni  un  psicólogo 
para  comprender,  por  lo  visto,  la  influencia  del  poeta  de 
Montevideo  sobre  el  poeta  de  Buenos  Aires.  El  procedi- 
miento en  ambos  es  el  mismo. 

Cada  escritor  tiene  su  manera  de  escribir  :  su  estilo 
como  cada  uno  tiene  su  manera  de  andar  :  su  paso. 

Es  difícil  que  confundamos  los  pasos  conocidos  de  una 
persona  que  sube  la  escalera  con  los  pasos  de  otra  per- 
sona. Cuando  un  estilo  se  parece  tanto  d  otro  que  se  con- 
funda con  él  podemos  concluir  que  existe  propósito  deli- 
berado de  imitación. 


* 
*  * 


Herrera  Reissig  puso  varios  subtítulos  a  su  obra  pos- 
tuma Los  peregrinos  de  piedra'  publicadae  mrced  a  la 

III 


XXXrV  PREFACIO 

diligencia  de  tardíos  admiradores.  Por  estos  subtítulos, 
por  las  fechas  qtie  llevan  algunos  versos  {no  todos,  ni  con 
metódica  indicación  cronológica),  y  por  el  estilo  de  las 
diferentes  secciones  del  volumen,  podemos  seguir ,  aunque 
casi  adivinándolo,  el  proceso  de  aquella  inteligencia  y  la 
época  de  cada  porción  de  la  obra.  La  fecha  más  remota 
que  se  advierte  es  la  de  1900,  al  pie  de  un  poema  titu- 
lado :  La  novicia. 

En  verdad  no  se  sabe  a  ciencia  cierta  si  la  fecha  corres- 
ponde a  tal  soneto  únicamente  o  también  a  los  que  lo  pre- 
ceden, pues  según  la  malhadada  manera  que  empleó  el 
editor  en  otras  secciones  del  mismo  volumen,  cada  fecha, 
puesta  al  último  soneto,  corresponde  a  toda  la  serie  que 
indica  cada  subtitulo.  Pero  demos  que  la  fecha  indicada 
pertenezca  exclusivamente  al  soneto  que  la  lleva.  Se 
advertirá,  pues,  que  para  1900  ya  Herrera  Reissig,  en 
plena  posesión  de  su  admirable  y  extraña  personalidad, 
había  encontrado  la  manera  que  empleó  en  toda  aquella 
parte  que  titula  :  Los  parques  abandonados.  Esta 
manera  la  empleó  hasta  1903  o  1904.  Digo  que  hasta 
1903  o  1904  porque  ya  para  esta  última  fecha  modifica 
un  poco  la  manera,  como  voy  a  indicarlo,  asienta  el 
pulso,  es  más  dueño  de  su  instrumento,  y  suscribe  sus 


PREFACIO  XXXV 

maravillosos  sonetos  alejandrinos  que  titula  Éxtasis  de 
la  Montaña. 

¿Cuál  es  la  diferencia  que  existe  entre  Los  parques 
abandonados,  de  1900  y  Éxtasis  de  la  montaña  de 
1904? 

Lo  indicaré  en  breves  lineas. 

La  concepción  del  arte,  la  personalidad  subyugante, 
la  adjetivación  novedosa  y  sugerente,  lo  esencial,  en 
una  palabra,  es  lo  mismo  en  ambas  obras.  La  una  no 
hace  sino  continuar  el  desarrollo  de  conciencia  y  maestría 
de  un  expresivo  sentidor  que  se  produce  en  verso.  Pero 
en  Los  parques  abandonados  el  autor  es  subjetivo,  se 
mezcla  a  la  vida,  refiere  a  sí  las  cosas,  expone  sentimientos 
personales,  anda  desnudo,  dice  yo.  En  los  Éxtasis  de  la 
Montaña,  es  objetivo,  no  emplea  el  pronombre  personal, 
disimula  su  yo,  no  se  confunde  con  sus  héroes,  no  se  pinta 
en  sus  cuadros,  no  sube  a  la  escena.  ¿Es  parnasiano? 
¿Es  marmóreo?  ¿Es  indiferente?  No.  Permanece  el  emo- 
tivo hiperestésico.  No  refiere  la  vida  ni  las  cosas  a  sí 
pero  se  transparenta  en  su  obra,  como  que  toda  obra  de 
arte  no  representa,  en  definitiva,  sino  las  sacudidas  de 
nuestros  nervios  y  las  vibraciones  de  nuestro  cerebro. 
Lo  más  presente  en  la  obra  de  arte  es  el  artista,  asi  trate 


XXXVI  PREFACIO 

ie  esconderse.  Herrera  Reissig,  en  sus  Éxtasis  de  la 
Montaña,  desaparece  de  la  escena  como  los  poetas  par- 
nasianos y  los  noveladores  del  realismo.  Se  horra, 
no  para  aniquilar  su  yo  con  budista  abnegación 
en  el  yo  universal,  sino  para  ver  correr  la  vida,  in- 
suflar en  las  cosas  inertes  e  impersonales  voluntad  de 
potencia  e  interpretar  como  psicólogo  el  alma  del  todo. 

Hay  otra  diferencia  entre  los  poemas  de  1900  y  los 
de  1904.  Digo  1900  para  los  primeros  como  fecha  inter- 
media. Ya  para  esa  data  él  era  él  y  para  alcanzar  esa 
altura  necesitó  ascender  :  muchos  sonetos,  pues,  de  Los 
parques  abandonados  pueden  ser  anteriores  a  1900 
como  otros  son,  de  seguro,  posteriores.  La  otra  diferencia 
que  existe  entre  los  sonetos  de  1900  y  los  de  1904,  es  de 
forma.  Los  primeros.  Los  parques  abandonados,  son 
todos  sonetos  endecasílabos,  mientras  que  los  Éxtasis 
de  la  Montaña  son  todos  sonetos  alejandrinos. 

La  imitación  de  Lugones  se  concreta  al  procedimiento, 
pero  en  los  sonetos  endecasílabos  de  Los  Parques  tomó 
hasta  frases  enteras,  o  combinó  frases  que  recuerdan  fra- 
ses de  la  obra  en  cuestión.  De  este  jaez  son  :  liga  crema, 
sonámbulas  praderas,  intacta  adolescencia.  Herrera 
Reissig,  qi4e  yo  recuerde  ahora,  había  escrito :  invicta 


PREFACIO  XXXVH 

castidad,  sonámbulas  campiñas,  guante  crema.  Pero 
estos  son  detalles  sin  importancia,  aunque  revela- 
dores. Más  grave  y  más  trascendente  es  la  imitación 
del  arte,  en  lo  que  tiene  de  más  esencial  y  de  más  personal 
la  imitación ;  por  ejemplo  el  animar  como  Herrera  Rei- 
ssig  las  cosas  inanimadas,  insuflar  alma  a  lo  inerte  y 
prestar  voz  a  lo  mudo,  lo  que  realizó  el  uruguayo  con  más 
amplitud  y  más  sentido  filosófico  que  Baudelaire  y, 
sobre  todo,  simular  en  la  expresión,  en  la  manera,  la 
inconfundible  personalidad  de  Herrera  Reissig.  Este 
fué  un  espíritu  enfermo,  un  temperamento  a  quien  ator- 
mentó una  psicosis  que  debe  estudiarse.  A  esta  psicosis, 
a  su  genio  artistico,  y  si  se  quiere,  a  la  época  en  que 
apareció,  —  para  no  olvidar  ninguna  concausa,  — 
debió  el  escribir  como  escribió.  Lugones  es  un  hombre 
sano,  un  espíritu  equilibrado ;  su  manera  de  expresión 
no  debe,  no  puede  confundirse  con  la  de  Herrera,  sin 
patente   simulación. 

Un  señor  de  Montevideo  llamado  César  Miranda,  a 
quien  el  gran  poeta  uruguayo,  en  su  agonía,  rogó  que 
escribiese  una  página  al  frente  de  Los  peregrinos  de 
piedra,  ha  cumplido  como  bueno  :  ha  consagrado  a 
Herrera  Reissig,  sobre  el  que  nadie  sabe  nada,  sobre  el 


XXXVin  PREFACIO 

qtie  nadie  ha  escrüo  hasta  ahora,  veintitrés  líneas  en 
una  Nota. 

Oigamos  al  amigo  de  Herrera  Reissig  : 
(i  ¿A  qué  decir  qiie  estos  poemas,  popularizados  en  ias 
tertulias  de  «  La  Torre  t»  y  en  las  hojas  de  los  periódicos 
y  cotidianos,  ejercieron  una  influencia  de  orientación 
sobre  los  mejores  espíritus  P^- A  qué  decir  que  muchos  cami- 
nantes bebieron  en  esta  Castalia  inspirada?  ¿A  quédedr 
que  este  vaso  "fué  modelo  de  otros  vasos?...  » 

Sí,  ¿aqué  decirlo,  cuando  todo  eso  lo  saben  tres  o  cuatro 
jóvenes  de  n  La  Torre  »?  ¿A  qué  decirlo?  ¿A  qué  darse  la 
pena  de  decirio? ¿A  qzté  granjearse  malas  voluntades, 
diciéndolo?  Por  eso  d  señor  Miranda,  desoyendo  aquella 
súplica  de  un  agonizante  ilustre,  no  lo  dice;  por  eso 
calla  a  Lugones,  a  quien,  sin  embargo,  alude.  El  señor 
Miranda  tal  vez  escribe  prosas  y  versos  :  ha  errado  su 
vocación.  Le  falta  probidad  {y  quizás  otra  virtud),  para 
escritor ;  le  sobra,  en  cambio,  habilidad  (y  quizás  otra 
virtud)^  para  diplomático. 


PREFACIO  XXXIX 

Herrera  Reissig  y  Lugones  son  contemporáneos.  Las 
coincidencias,  principalmente  de  procedimiento,  es  de- 
cir, esenciales,  que  se  observan  entre  ambos  pudieran 
algunos  atribuirlas  a  imitación  de  Herrera  Reissig  y  no 
a  imitación  de  Lugones,  máxime  cuando  Lugones  es 
poeta  célebre,  popidar  en  toda  América,  y  el  otro  un  desco- 
nocido. A  Herrera  Reissig,  en  verdad,  no  le  conoce, 
hasta  altor  a,  sino  un  público  de  literatos  y  ese  mismo 
público  restringido.  Confieso  que  yo  no  había  leido  hasta 
1912  su  volumen  Los  peregrinos  de  piedra,  única  colec- 
ción seria  existente  de  sus  poemas,  la  cual  anuncia  el 
editor  (Bertani,  Montexádeo,  1910)  como  tomo  primero 
de  las  Obras  completas  y  donde-  hay  apenas  mínima 
parte  de  su  ópera  lírica.  Nueve  volúmenes  más  de  solo 
poesías  promete  el  editor,  sin  contar  seis  volúmenes  de 
prosa,  que  contendrán  cuantos,  critica  literaria,  ensayos 
'sociológicos,  etc.  Todo  ese  tesoro  nos  es  desconocido. 
Estamos  juzgando  al  león  por  la  garra  y  reconstruyendo 
el  m^egaterio  con  el  hueso  de  Cuvier.  El  editor  no  se  dignó 
poner  cuatro  palabras  siquiera  de  introducción,  dando 
noticias  respecto  a  la  vida  y  la  obra  de  este  poeta,  ya 
inmortal.  No  conozco  referente  a  Herrera  Reissig,  sino 
las  páginas  que  puso   Villaespesa  al  foUetito  en  que 


XL  PREFAaO 

publicó,  el  año  de  1911,  en  Madrid,  algunos  sonetos  y 
un  romance  del  gran  poeta  uruguayo.  Esas  páginas  son 
un  canto  entusiástico  que  lo  mismo  pudiera  dirigirse 
á  Espronceda,  á  Keats,  á  Foseólo,  á  Casal,  á  cualquier 
poeta  de  cualquier  tiempo  y  cualquier  pais,  y  no  un 
estudio  biográfico,  ni  7nenos  un  análisis  critico  del  admi- 
rable rioplatense. 

Nada  o  poco,  pues,  sabe  América  respecto  a  Herrera 
Reissig.  Con  Lugones  sucede  cosa  diferente.  Lugones  es 
hoy  célebre  desde  la  Patagonia  hasta  el  Anahuac.  Las 
revistas  de  todo  el  continente  insertan  sus  obras,  con  esa 
magnifica  piratería  literaria  nuestra  que,  entre  parén- 
tesis, ojalá  dure  siempre,  como  que  a  ella  debe  cada  escri- 
tor americano  el  tener  un  público  de  cincuenta  ó  sesenta 
millones  y  no  apenas  cuatro  gatos  de  su  nativa  república! 
Y  no  sólo  lo  insertan  las  revistas,  sino  que  las  mujeres  lo 
recitan,  los  principiantes  lo  imitan  y  los  críticos  lo 
comentan.  En  Venezuela,  por  ejemplo,  los  críticos  viejos 
como  Julio  Calcaño,  los  de  edad  media  como  Gonzalo 
Picón  Fébres  y  los  jóvenes  como  Semprun  han  tratado 
sobre  las  obras  del  bonaerense.  En  México,  Amado  Ñervo 
lo  estudia,  bien  endeblemente,  por  cierto ;  en  Cuba,  José 
Manuel  Carbondl  lo  presenta  en  una  conferencia  des- 


PREFACIO  XU 

bordante  de  entusiasmo  y  más  de  prosélito  que  de  crítico. 

Sobrará,  pues,  de  seguro  quienes,  chocados  en  su  admi- 
ración hacia  el  gran  poeta  de  Buenos  Aires,  achacarán  al 
desconocido  Herrera  Reissig  la  imitación  y  no  al  magní- 
fico y  popular  poeta  de  Los  Crepúsculos  del  jardín 
Conviene  esclarecer  el  punto. 

La  imitación  de  Herrera  Reissig  por  Lugones  podría 
probarse  por  razones  psicológicas,  si  no  existieran  las  de 
orden  cronológico.  Las  razones  psicológicas  serían  éstas : 
Herrera  Reissig  es  un  espíritu  torturado  de  novedad, 
con  personalidad  literaria  inconfundible,  con  un  sello 
propio,  siempre  el  mismo,  y  una  manera  que  jamás,  en  lo 
esencial,  mudó.  Baste  observar  las  fechas  de  sus  versos,  al 
pie  de  éstos,  en  el  volumen  de  Montevideo.  En  cambio, 
Lugones  es  proteico  ;  parecido  al  agua  de  las  fuentes  copia 
los  árboles  de  la  orilla  y  cuanto  rostro  se  inclina  sobre  el 
haz.  Ningún  libro  suyo  se  parece  al  que  lo  sigue.  En  unos 
imita  a  unos  ;  en  otros  imita  a  otros.  La  huella  ajena  siem- 
pre se  descubre  en  su  parque  de  poeta  :  ya  la  de  Víctor 
Hugo,  eií  Las  Montañas  de  oro;  ya  la  de  Laforgue,  en 
Lunario  sentimental ;  ya  la  de  Herrera  Reissig,  en  Cre- 
púsculos del  jardín.  Estas  obras  son  tan  diferentes  entre 
sí  como  el  alma  de  los  poetas  que  las  inspiran.  Herrera 


XLH  PREFACIO 

Reissig  no  cambia  :  es  erguido,  resistente,  pétreo.  Parece 
un  monolito.  El  viento  que  pasa  no  lo  curva,  como  a  un 
rosal :  se  deshilacha  en  la  piedra. 

La  razón  cronológica,  más  al  alcance  del  vulgo,  es  con- 
cluyente.  Para  1900,  cuando  acababan  de  salir  las  victor- 
huguescas  Montañas  de  oro,  mientras  Lugones  victor- 
hugueaba  a  co'nciencia,  ya  Julio  Herrera  Reissig,  en 
plena  posesión  de  su  personalidad,  había  realizado  en 
castellano  las  innovaciones  que  pasan  como  lugonescas, 
ya  manejaba  el  instrumento  de  sones  raros  que  manejó 
toda  la  vida,  como  puede  advertirse,  repito,  por  las  fechas 
de  sus  poemas,  ya  había  troquelado  su  busto  en  medallas 
de  oro,  ya  tenia  su  manera,  que,  en  lo  esencial,  no  cambió 
nunca.  Léase,  como  prueba,  este  soneto 

I.A   NOVICIA 

Surgiste,  emperatriz  de  los  altares. 
Esposa  de  tu  dulce  nazareno, 
Con  tu  atavio  vaporoso,  lleno 
De  piedras,  brazaletes  y  collares. 

Celoso,  de  tus  júbilos  albares. 
El  ataúd  te  recogió  en  su  seno, 
Y  hubo  en  tu  místico  perfil  un  píen 
Desmayo  de  crepúsculos  lunares. 


PREFACIO  SXin 

Al  contempar  tu  cabellera  muerta. 
Avivóse  en  tu  espíritu  una  incierta 
Huella  de  amor.  Y  mientras  que  los  bronces 

Se  alegraban,  brotaron  tus  pupilas 
Lágrimas  que  ignoraban  hasta  entonces 
La  senda  en  flor  de  tus  ojeras  lilas. 

Este  soneto  es,  repito,  de  1900.  Todos  los  sonetos  titu- 
lados Los  éxtasis  de  la  Montaña  (Eglogánimas),  fueron 
producidos  entre  1900  y  1904.  Los  Crepúsculos  del  jar- 
dín, la  obra  de  Lugones  donde  se  marca  la  coincidencia 
de  procedimiento  con  Herrera  Reissig,  es  de  1905. 

Julio  Herrera  Reissig  murió  en  el  lecho  de  un  hos- 
pital, si  no  me  engañan  ;  en  todo  caso,  miserable,  en  Mon- 
tevideo, su  patria,  el  año  de  1909.  Nadie  le  tendió  la 
mano.  Cuando  la  mayoría  de  sus  contemporáneos  haya 
desaparecido,  cuando  la  memoria  de  los  felices  de  en- 
tonces se  la  trague  el  olvido  que  merecen  por  no  haber 
socorrido  el  infortunio  del  altísimo  poeta,  Julio  Herrera 
Reissig  estará  vivo  —  porque  ya  no  morirá  nunca  — 
en  la  conciencia  de  América. 

R.    BivANCO    FOMBONA. 


EITE  EKnN,  EITE  nP0*YirT02 
AYTON  TOYAE  TOY  EnOYS' 


EL    LAUREL    ROSA 


Apoteosis. 


Recepción 

A  SuUy  PnidhoeTae. 


Almas  amigas  y  bellos 
Gimnastas,  liras  asones 
De  la  orquesta  de  Pitágoras. 
Venusinos  Sacerdotes 
De  la  hembra  Arquitectura 
Y  taumaturgos  del  bloque, 
Príncipes  doctos  del  Cromos, 
Pánidas  trasnochadores, 
Bajo  la  vinosa  lámpara 
Del  sátiro  Anacreonte, 
Navegantes  espectrales 
Del  Océanoristóte  Ales  : 
En  los  Imperios  acústicos 
Rueda  el  soberbio  desorden: 


JUUO   HERRERA   REISSIG 

Bate  la  Epopeya  el  bravo 
Desplante  de  sus  apostrofes; 
La  Majestad  de  la  Dea 
Llena  el  ambiente;  Caliope 
Palpita  suave  y  redonda, 
En  la  plenitud  del  goce; 
Ríe  el  Agora  estridente 

Y  Vulcano  a  cada  bote, 
Quema,  en  locas  geometrías, 
Una  gloria  de  asteroides; 
Febo  aterciopela  el  éxtasis 
Vago  de  los  horizontes; 
Maniobra  su  cabalgata 

Un  escándalo  de  histriones; 
Primaveriza  la  Égloga 

Y  en  dinamismos  acordes. 
Trenzan  su  fuga  liviana 
Dafne  y  Egeria  y  Foloe. 
Todo  se  inspira.  Los  Númenes 
Trasudan  su  Pentecostés; 

Se  exhalan  a  Diana,  rubios 
Muezines,  los  girasoles; 
Palas  auspicia  el  banquete 
Melodioso  y  a  sus  sones, 
Orfeo  mueve  la  danza 


I,OS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA 
Beatífica  de  los  bosques. 

¿Qué  ha  pasado,  por  qué  ondean 
Los  aleluyas  de  bronce; 
Por  qué  fluyen  en  OHmpia 
Briosos  carros  voladores; 
Por  qué  se  ufana  de  tirsos 
La  primaveral  Melpómene; 
Por  qué  en  las  ánforas  arden 
Los  Amatuntes  y  el  Orbe 
Se  embriaga  uránicamente 
De  los  besos  de  la  Noche? 
¿Qué  despunta  en  los  laureles? 
¿Quién  aparece?  ¿Quién  corre? 
Adelgazan  sus  tentáculos 
Las  medusas  poliformes; 
Ladra  coleando  Cerbero, 
Con  sus  tres  lenguas  feroces; 
Las  Parcas  huyen;  se  cierran, 
Con  pavorosos  redobles, 
Las  puertas  negras  del  Tártaro, 
Y  en  los  ingenuos  verdores. 
Con  su  pezuña  galante. 
Pan  multiplica  los  golpes. 


JUXIO   HERRERA  REISSIG 

De  repente  se  hace  el  Ritmo 
En  la  flamígera  Corte; 
Iris  geometriza  el  curvo 
Baile  de  los  tornasoles; 
Cabalgatas  de  hipocampos 
Rizan  el  piélago  informe; 
Muge  sus  trompas  un  coro 
Glauco  de  viejos  Tritones; 
Filan  cromáticos  ayes 
Las  Sirenas  y  en  acordes 
Trampolines  de  agua  viva. 
Ruedan  Nereidas  de  ónixes; 
En  el  reloj  de  los  Siglos 
Nieva  el  granulo  uniforme, 
Al  par  que  un  Término  escuálido 
Mima  sus  barbas  de  azogue... 
Nace  el  Verso...  Primavera 
Suave  posa  el  pie  de  ocre; 
Ríen  los  labios  de  leche 
De  los  luceros  precoces; 
Por  la  montaña  implacable 
Sísifo  empuja  su  mole; 
Coros  de  ninfas  hurañas 
Repican  su  leve  trote, 
Mientras  que  faunos  velludos 


I,OS   PEREGRINOS  DE   PIEDRA 

Guiñan  con  ojos  bribones... 
Todo  exulta.  Ríe  Átropos; 
Ríe  el  moroso  Aqueronte; 
Jano  enerva  el  combustible 
De  las  crespas  Hecatombes; 
Bulle  Psiquis  por  el  parque 
Liviano  de  los  Amores; 
Peina  el  mar  con  su  tridente 
Neptuno  desde  la  Cólquide, 
Y  entre  pluviales  gavillas. 
Una  fragancia  salobre 
Denuncia  el  baño  de  Venus 
Bn  el  ámbar  de  su  cofre... 

¿Por  qué  se  inspiran  los  Plectros? 
¿A  dónde  va  el  dios  bicorne? 
¿Por  quién  erigen  sus  cráteras 
Los  *  divinos  Anfitriones  ? . . . 
Asume  Urano  la  Cuadriga 
Trascendental  de  su  coche; 
Las  puertas  del  Gineceum 
Giran  de  pronto  en  sus  goznes 
Y  entra  Apolo  con  la  gracia 
De  las  ninfas  de  Sycione... 
Quirón  y  Neso,  radiantes 


10  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Sobre  las  iras  del  vórtice. 
Interrumpen  en  el  cielo 
Sus  elípticos  galopes. 

Saturno,  el  bizco,  distrae 

La  siembra  de  sus  pasiones; 

Se  empinan  sobre  las  ínsulas 

Los  lúbricos  Helesphontes; 

La  carraspera  del  Caos 

Penetra  en  los  caracoles; 

Cien  mil  grillos  «  cric-cracquean  » 

Su  nocturno  monocorde; 

Los  Orquestriones  del  viento 

Se  complican  y  se  rompen; 

En  el  Alcázar  de  Asteria 

Se  inclinan  las  Trece  Torres; 

Habla  el  Silencio;  palpita 

La  inmensa  Nada  sin  nombre; 

Brama  la  Esfinge  el  enigma 

De  sus  vigüias  inmóviles; 

Claros  aplausos  estallan; 

Truenan  los  ígneos  tambores; 

Sagitario  da  la  hora 

De  la  Eternidad  insomne, 

Y  en  el  Citerón  fantasma 


LOS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA  II 

Emerge,  vaga  y  enorme, 
La  silueta  amaneciente 
De  un  olímpico  dios  joven ! 

¿Quién  es  este  sol  perínclito 
Del  Partenón  de  los  Soles? 
Es  griego  en  su  luz;  es  sabio 

Y  es  triste  :  ¡conoce  al  hombre  !... 
En  la  Ciudad  de  la  vida 

Vació  su  olímpico  molde, 
Con  lo  etéreo  de  Atalanta 

Y  lo  profundo  de  Neóbule; 
Un  corazón  es  su  verso 
Eufónico  de  alma  doble. 
Es  elegante  y  austero; 

No  ignora  qué  magia  esconde, 
Polimnia  y  en  qué  montaña 
Sueñan  los  graves  doctores. 
Su  Numen  ciñe  el  coturno 
Eurítmico  de  los  Proceres; 
Blande  la  flecha  de  Eros 

Y  las  rémiges  de  Alcione; 
Es  músico  de  serpientes 

Y  domador  de  leones  ! 


12  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Sully  Prudhomme,  tú  has  ido 
Hacia  el  Citerón;  mil  voces 
Te  objetivaron;  tú  has  hecho 
Temblar  los  antiguos  robles; 
Por  ti  lloraron  de  dicha 
Los  líricos  ruiseñores, 

Y  despertó  la  Syringa 
Solariega  de  los  bosques, 

Y  Pan  floreció  su  granja 
Para  los  sátiros  pobres. 
Por  ti  colmaron  su  cuerno 
De  fresas  y  tiernos  brotes, 
De  mieles  y  de  avellanas, 
Los  prometidos  pastores, 

Y  trenzaron  sus  cabellos 
Con  tilos  y  caracoles; 

Por  ti  prolongan  su  pascua 
Los  caprípedes  veloces, 

Y  Baco  para  el  invierno 
Preña  de  néctar  sus  odres; 

Tú  has  hecho  que  el  noble  Paros 
Burle  la  ley  de  Caronte, 

Y  en  las  ubres  de  Cibeles 
El  duro  pezón  retoñe; 
Que  Venus  auspicie  el  celo 


I,OS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA  13 

De  las  canículas  torpes 

Y  que  maduren  las  ninfas 

Y  que  las  musas  retocen 

Y  que  en  las  ánforas  nuevas 
Bl  vino  antiguo  remoce... 

Tú  has  hecho  que  la  Bucólica 
De  barba  verde  se  esponje; 
La  Aurora  blanca  te  ha  visto 
Desde  los  regios  frontones; 
A  tu  sombra  se  enconaron 
Las  cantáridas  de  cobre 

Y  los  Ecos  armoniosos 
Se  crisparon  de  rumores; 
Eres  tú  la  sombra  augusta, 
Eres  tú  la  egregia  torre 
Que  a  una  señal  del  Arquero 

Sealzó  en  el  gallardo  monte ! 
Yo  te  vi  reverberante, 
Con  tus  ojos  viajadores, 

Y  con  tu  perfil  corínteo. 
En  el  regazo  de  Jo  ve; 
Safo  te  arqueaba  su  risa 

Y  te  suspiraba  Cloe... 

Yo  te  vi,  dulce  sonámbulo 
De  las  nostalgias  del  Norte, 


14  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Beber  el  licor  castálido 
De  la  piscina,  y  entonces 
A  una  pregunta  solemne 
De  Minerva  hacia  los  Dioses, 
Abriéronse  cien  mil  ojos 
En  el  Infinito  miope; 
Redobló  Pegaso  el  trueno 
Bajo  sus  cascos  indóciles; 
Sonó  su  antífona  el  Pindó  : 
«  j  Gloria  plena  tibi  domine  !  » ; 
Fulguraron  zodiacales 
Signos  :  A  Sully  Prudhomme ! 
Y  Homero  y  Hugo  y  Verlaine 
Sublimizaron  tu  nombre. 


1908. 


LOS  ÉXTASIS  DE  LA  MONTANA 


Cglogánimas. 


W^WWW^WWWWWW^W^^^^^ 


El  Despertar 


Alisia  y  Cloris  abren  de  par  en  par  la  puerta 

Y  torpes,  con  el  dorso  de  la  mano  haragana, 
Restréganse  los  húmedos  ojos  de  lumbre  incierta, 
Por  donde  huyen  los  últimos  sueños  de  la  mañana. 

La  inocencia  del  día  se  lava  en  la  fontana. 
El  arado  en  el  surco  vagoroso  despierta 

Y  en  tomo  de  la  casa  rectoral,  la  sotana 
Del  cura  se  pasea  gravemente  en  la  huerta... 


iS  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Todo  suspira  y  ríe.  La  placidez  remota 
De  la  montaña  sueña  celestiales  rutinas. 
El  esquÜón  repite  siempre  su  misma  nota 


De  grillo  de  las  candidas  églogas  matutinas. 
Y  hacia  la  aurora  sesgan  agudas  golondrinas, 
Como  flechas  perdidas  de  la  noche  en  derrota. 


3W^^^^^^^^^^^ 


El   Regreso 


La  tierra  ofrece  el  ósculo  de  un  saludo  paterno. 
Pasta  un  mulo  la  hierba  misera  del  camino, 
Y  la  montaña  luce,  al  tardo  sol  de  invierno, 
Como  una  vieja  aldeana,  su  delantal  de  lino. 


Un  cielo  bondadoso  y  un  cefirillo  tierno... 
La  zagala  descansa  de  codos  bajo  el  pino, 
Y  densos  los  ganados,  con  paso  paulatino. 
Acuden  a  la  música  sacerdotal  del  cuerno. 


20  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Trayendo  sobre  el  hombro  leña  para  la  cena. 
El  pastor,  cuya  ausencia  no  dura  más  de  un  día, 
Camina  lentamente  rumbo  de  la  alquería. 

Al  verlo  la  familia  le  da  la  enhorabuena... 
Mientras  el  perro,  en  ímpetus  de  lealtad  amena. 
Describe  coleando  círculos  de  alegría 


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El    Almuerzo 


Llovió.  .  Trisca  a  lo  lejos  un  sol  convaleciente. 
Haciendo  entre  las  piedras  brotar  una  alimaña, 
Y  al  son  de  los  compactos  resuellos  del  torrente. 
Con  áspera  sonrisa  palpita  la  campaña... 


Rumia  en  el  precipicio  ima  cabra  pendiente; 
Una  ternera  rubia  baila  entre  la  maraña, 
Y  el  cielo  campesino  contempla  ingenuamente 
La  arruga  pensativa  que  tiene  la  montaña. 


22  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Sobre  el  tronco  enastado  de  un  abeto  de  nieve, 
Ha  rato  que  se  aman  Damócaris  y  Hebe; 
Uno  con  su  cayado  reanima  las  pavesas, 


Otro  distrae  el  ocio  con  pláticas  sencillas... 
Y  de  la  misma  hortera  comen  higos  y  fresas. 
Manjares  que  la  Dicha  sazona  en  sus  rodillas. 


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La  Siesta 


No  late  más  que  un  único  reloj  :  el  campanario. 
Que  cuenta  los  dichosos  hastíos  de  la  aldea, 
El  cual,  al  sol  de  Enero,  agriamente  chispea. 
Con  su  aspecto  remoto  de  viejo  refractario... 

A  la  puerta,  sentado  se  duerme  el  boticario... 
En  la  plaza  yacente  la  galHna  cloquea, 
Y  un  tronco  de  ojaranzo  arde  en  la  chimenea, 
Junto  a  la  cual  el  cura  medita  su  breviario. 


24  JUI.IO   HERRERA  REISSIG 

Todo  es  paz  en  la  casa.  Un.  cielo  sin  rigores. 

Bendice  las  faenas,  reparte  los  sudores... 

Madres,  hermanas,  tías,  cantan  lavando  en  rueda 


Las  ropas  que  el  Domingo  sufren  los  campesinos... 
Y  el  asno  vagabundo  que  ha  entrado  en  la  vereda 
Huye,  soltando  coces,  de  los  perros  vecinos. 


La    Velada 


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La  cena  ha  terminado  :  legumbres,  pan  moreno 

Y  uvas  aún  lujosas  de  virginal  rocío... 
Rezaron  ya.  La  luna  nieva  un  candor  sereno 

Y  el  lago  se  recoge  con  lácteo  escalofrío. 

El  anciano  ha  concluido  un  episodio  ameno, 

Y  el  grupo  desanúdase  con  un  placer  cabrío... 
Entretanto,  allá  fuera,  en  un  silencio  bueno, 
Los  campos  demacrados  encanecen  de  frío. 


26  JULIO  HERRERA  REISSIO 

Ivux  canta.  Lydé  corre.  Palemón  anda  en  zancos. 
Todos  ríen..  La  abuela  demándales  sosiego. 
Anfión,  el  perro,  inclina,  junto  al  anciano  ciego,  • 

Ojos  de  lazarillo,  familiares  y  francos... 

Y  al  son  de  las  castañas  que  saltan  en  el  fuego 

Palpitan  al  imísono  sus  corazones  blancos. 


El  Alba 


Humean  en  la  vieja  cocina  hospitalaria 
Ivos  rústicos  candiles...  Madrugadora  leña 
Infunde  una  sabrosa  fragancia  lugareña ; 
Y  el  desajoino  mima  la  vocación  agraria... 


Rebota  en  los  collados  la  grita  rutinaria 
Del  boyero  que  a  ratos  deja  la  yunta  y  sueña. 
Filis  prepara  el  huso.  Tetis,  mientras  ordeña, 
Ofrece  a  Dios  la  leche  blanca  de  su  plegaria. 


28  JULIO  HERRERA  REISSiG 

Acongojando  el  valle  con  sus  beatos  nocturnos. 
Salen  de  los  establos,  lentos  y  taciturnos, 
Los  ganados.  La  joven  brisa  se  despereza... 


Y  como  una  pastora,  en  piadoso  desvelo, 
Con  sus  ojos  de  bruma,  de  una  dulce  pereza, 
El  Alba  mira  en  éxtasis  las  estrellas  del  cielo. 


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La   Vuelta   de   los    Campos 


La  tarde  paga  en  oro  divino  las  faenas... 
Se  ven  limpias  mujeres  vestidas  de  percales. 
Trenzando  sus  cabellos  con  tilos  y  azucenas 
O  haciendo  sus  labores  de  aguja,  en  los  umbrales. 


Zapatos  claveteados  y  báculos  y  chales... 
Dos  mozas  con  sus  cántaros  se  desHzan  apenas. 
Huye  el  vuelo  sonámbulo  de  las  horas  serenas. 
Un  suspiro  de  Arcadia  peina  los  matorrales... 


30  JUICIO  HERRERA  REISSIG 

Cae  un  silencio  austero...  Del  charco  que  se  nimba 

Estalla  una  gangosa  balada  de  marimba. 

Los  lagos  se  amortiguan  con  espectrales  lampos, 


Las  cumbres,  ya  quiméricas,  corónanse  de  rosas. 

Y  humean  a  lo  lejos  las  rutas  polvorosas 

Por  donde  los  labriegos  regresan  de  los  campos. 


^^^^^^^^^^^^^¿^^^^^^ 


La  Huerta 


f» 


Por  la  teja  inclinada  de  las  rosas  techumbres 
Descienden  en  silencio  las  horas...  El  bochorno 
Sahuma  con  bucóUcas  fragancias  el  contorno 
Ufano  como  nunca  de  vistosas  legumbres. 

Hécuba  diligente  da  en  reparar  las  lumbres... 
Llegan  por  el  camino  cánticos  de  retorno. 
Iris,  que  no  ve  casi,  abandona  su  torno, 
Y  suspira  a  la  tarde,  libre  de  pesadumbres. 


32  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Obscurece.  Una  mística  Majestad  unge  el  dedo 
Pensativo  en  los  labios  de  la  noche  sin  miedo... 
No  llega  un  solo  eco,  de  lo  que  al  mundo  asombra. 


A  la  almohada  de  rosas  en  que  sueña  la  huerta... 

Y  en  la  sana  vivienda  se  adivina  la  sombra 

De  un  orgullo  que  gruñe  como  un  perro  a  la  puerta. 


Cf,mm?mwSfmmcw^^.^M^M 


Clarobscuro 


En  el  dintel  del  cielo  llamó  por  fin  la  esquila. 
Tumban  las  carrasqueñas  voces  de  los  arrieros 
Que  el  eco  multiplica  por  cien  riscos  y  oteros, 
Donde  laten  bandadas  de  pañuelos  en  fila... 


El  humo  de  las  chozas  sube  en  el  aire  lila; 
Las  vacas  maternales  ganan  por  los  senderos; 
Y  al  hombro  sus  alforjas,  leñadores  austeros, 
Tornan  su  gesto  opaco  a  la  tarde  tranquila... 


34  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Cerca  del  Cementerio,  —  más  alia  de  las  granjas. 
El  crepúsculo  ha  puesto  largos  toques  naranjas. 
Almizclan  una  abuela  paz  de  las  Escrituras 


Los  vahos  que  trascienden  a  vacunos  y  cerdos. 
Y  palomas  violetas  salen  como  recuerdos 
De  las  viejas  paredes  arrugadas  y  obscuras. 


La  Iglesia 


Kn  un  beato  silencio  el  recinto  vegeta. 
Las  vírgenes  de  cera  duermen  en  su  decoro 
De  terciopelo  lívido  y  de  esmalte  incoloro; 

Y  San  Gabriel  se  hastía  de  soplar  la  trompeta... 

Sedienta,  abre  su  boca  de  mármol  la  püeta. 
Una  vieja  estornuda  desde  el  altar  al  coro... 

Y  una  legión  de  átomos  sube  un  camino  de  oro 
Aéreo,  que  una  escala  de  Jacob  interpreta. 


36  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Inicia  sus  labores  el  alma  reverente  : 
Para  saber  si  anda  de  buenas  San  Vicente 
Con  tímidos  arrobos  repica  la  alcancía... 


Acá  y  allá  maniobra  después  con  un  plumero, 
Mientras,  por  una  puerta  que  da  a  la  sacristía, 
Irrumpe  la  gloriosa  turba  del  gallinero. 


El  Cura 


Es  el  Cura...  Lo  han  visto  las  crestas  silenciarias. 
Luchando  de  rodillas  con  todos  los  reveses, 
Salvar  en  pleno  invierno  los  riesgos  montañeses 
O  trasponer  de  noche  las  rutas  solitarias. 


De  su  mano  propicia,  que  hace  crecer  las  mieses, 
Saltan  como  sortijas  gracias  involuntarias; 
Y  en  su  asno  taumaturgo  de  indulgencias  plenarias, 
Hasta  el  umbral  del  cielo  lleva  a  sus  feligreses... 


38  JULIO   HERRERA   REISSI6 

Él  pasa  del  hisopo  al  zueco  y  la  guadaña; 
Él  ordeña  la  pródiga  ubre  de  su  montaña 
Para  encender  con  oros  el  pobre  altar  de  pino; 

De  sus  sermones  fluyen  suspiros  de  albahaca  : 
El  único  pecado  que  tiene  es  un  sobrino... 
Y  su  piedad  humilde  lame  como  ima  vaca. 


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La  Llavera 


Viste  el  hábito  rancio  y  habla  ronco  en  voz  densa; 
Sigue  un  perro  la  angustia  de  su  sombra  benigna; 
Mascullando  sus  votos,  reverente,  consigna 
Un  espectro  achacoso  de  rutina  suspensa... 

Al  repique  doméstico  de  sus  llaves,  se  piensa 
En  las  bruj  as  de  Rembrandt. . .  Sin  embargo  es  tan  digna 
Que  Luzbel  la  chamusca,  por  lo  cual  se  persigna 
Y  con  aguas  benditas  neutraliza  la  ofensa... 


40  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Ella  sabe  la  historia  de  los  Santos  Patrones, 
De  SyUabus,  de  ritos  y  de  Kirieley^ones... 
Ella  sufre  nostalgias  sordas  del  Santo  Oficio. 


En  la  gloria  del  Padre  será  libre  de  expurgo. 
Y  se  tiene  por  cierto  que  en  la  Noche  del  Juicio 
Dará  fe  de  los  buenos  parroquianos  del  burgo... 


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El  Consejo 


Bl  astrónomo,  el  vate  y  el  mentor  se  han  reunido... 

La  montaña  recoge  la  polémica  agreste  : 

Y  en  el  aire  sonoro  de  campana  celeste, 

Las  tres  voces  retumban  como  un  solo  latido. 


Conjeturan  fiebrosos  del  principio  escondido... 
Luego  el  mago  predice  la  miseria  y  la  peste; 
El  poeta  improvisa,  mientras,  vuelto  al  Oeste, 
El  astrónomo  anuncia  que  en  Hispania  ha  llovido. 


42  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Ebrios  de  la  divina  majestad  del  tramonto. 

Los  discursos  se  agravan...  Es  ya  noche.  De  pronto. 

Arde  en  fuga  una  estrella...  Interrogan  sus  rastros 


Cual  mil  ojos  abiertos  al  Enigma  Infinito  : 
Se  hace  triple  el  silencio  del  consejo  erudito... 
Dedos  entre  la  sombra  se  alzan  hacia  los  astros. 


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La  Noche 


lya  noche  en  la  montaña  mira  con  ojos  viudos 
De  cierva  sin  amparo  que  vela  ante  su  cría; 
Y  como  si  asumieran  un  don  de  profecía, 
En  un  sueño  inspirado  hablan  los  campos  rudos. 


Rayan  el  panorama,  como  espectros  agudos, 
Tres  álamos  en  éxtasis...  Un  gallo  desvaría. 
Reloj  de  media  noche.  La  grave  luna  amplía 
I<as  cosas,  que  se  llenan  de  encantamientos  mudos. 


44  JULIO   HERRERA  REISSIG 

El  lago  azul  de  sueño,  que  ni  una  sombra  empaña, 
Es  como  la  conciencia  pura  de  la  montaña... 
A  ras  del  agua  tersa,  qué  riza  con  su  aliento, 


Albino,  el  pastor  loco,  quiere  besar  la  luna. 

En  la  huerta  sonámbula  vibra  un  canto  de  cuna. 

Aullan  a  los  diablos  los  perros  del  convento. 


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El  Ángelus 


Salpica,  se  abre,  humea,  como  la  carne  herida, 
Bajo  el  fecimdo  tajo,  la  palpitante  gleba; 
Al  ritmo  de  la  yunta  tiembla  la  corva  esteva, 
Y  el  vientre  del  terruño  se  despedaza  en  vida. 


Improba  y  larga  ha  sido  como  nunca  la  prueba.. 
La  mujer,  que  afanosa  preparó  la  comida. 
En  procura  del  amo  viene  como  abstraída. 
Dando  al  pequeño  el  tibio,  dulce  licor  que  nieva. 


46  JULIO   HERRERA  REISSIG 

De  pronto,  a  la  campana,  todo  el  valle  responde 
La  madre  de  rodillas  su  casto  seno  esconde; 
Detiénese  el  labriego  y  se  descubre,  y  arde 


Su  mirada  en  la  súplica  de  piadosos  consejos... 
Tómanse  al  campanario  los  bueyes.  A  lo  lejos 
El  estruendo  del  río  emociona  la  tarde. 


Las  Horas  Graves 


Sahúmase  el  villaje  de  olores  a  guisados; 

El  párroco  en  su  muía  pasa  entre  reverencias; 

Laten  en  todas  partes  monótonas  urgencias, 

Al  par  que  una  gran  calma  inunda  los  sembrados. 

Niñas  en  las  veredas  cantan...  En  los  porfiados 
Cascotes  de  la  vía  gritan  las  diligencias. 
Mientras  en  los  contomos,  zumba,  hacia  las  querencias» 
El  cuerno  de  los  viejos  pastores  rezagados. 


48  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Lilas,  violadas,  lóbregas,  mudables  como  ojeras. 
Las  rutas,  poco  a  poco,  aparecen  distintas; 
Cuaja  un  silencio  obscuro,  allá  por  las  praderas 


Donde  cantando  el  día  se  adormeció  en  sus  tintas... 

Y  adioses  familiares  de  gritas  lastimeras 

Se  cambian  al  cerrarse  las  puertas  de  las  quintas. 


La  Flauta 


Tirita  entre  algodones  húmedos  la  arboleda... 
La  cumbre  está  en  mi  blanco  éxtasis  idealista; 

Y  en  brutos  sobresaltos,  como  ante  una  imprevista 
Emboscada,  el  torrente  relinchando  rueda. 

Todo  es  grave...  En  las  cañas  sopla  el  viento  flautista. 
Mas  súbito,  rompiendo  la  invernal  hiunareda, 
El  sol,  tras  de  los  montes,  abre  un  telón  de  seda, 

Y  ríe  la  mañana  de  mirada  amatista. 

4 


50  JUUO   HERRERA   REISSIG 

Cien  iluminaciones,  en  fluidos  estambres, 
Ferian  de  rama  en  rama,  lloran  de  los  alambres. 
Descuidando  el  rebaño,  jimto  al  cauce  parlero, 


Upilio  se  confía  dulcemente  a  su  flauta, 

Sin  saber  que  de  amores,  tras  un  álamo,  incauta, 

Contemplándole  Fílida  muere  como  un  cordero. 


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Los  Perros 


El  olivo  y  el  pozo...  Dormida  una  aldeana 
En  el  brocal...  A  un  lado  la  senda  viajadora, 
Y  un  hombre  paso  a  paso  :  todo  lo  que  a  la  hora 
Suspira  una  evangélica  gracia  samaritaua... 


El  sol  es  miel,  la  brisa  pluma  y  el  cielo  pana... 
Y  el  monte,  que  una  eterna  candidez  atesora, 
Ríe  como  un  abuelo  a  la  joven  mañana, 
Con  los  mil  pliegues  rústicos  de  su  cara  pastora. 


52  JUICIO  HERRERA  REISSIG 

Pan  y  frutas  :  ingenuos  desayunos  frugales. 
Mientras  que  los  pastores  huelgan  de  sus  pradiales 
Fatigas  o  se  lavan  en  los  remansos  tersos, 


Maniobran  hacia  el  valle  de  tímpanos  agudos, 

Los  celosos  instintos  de  los  perros  lanudos, 

De  voz  ancha,  que  integran  los  ganados  dispersos. 


Idilio 


La  sombra  de  una  nube  sobre  el  césped  recula... 
Aclara  entre  montañas  rosas  la  carretera 
Por  donde  un  coche  antiguo,  de  tintinante  muía, 
Llena  de  ritornelos  la  tarde  placentera. 


Hundidos  en  la  hierba  gorda  de  la  ribera. 
Los  vacunos  solemnes  satisfacen  su  gula; 
Y  en  lácteas  vibraciones  de  ópalo,  gesticula 
Allá,  bajo  una  encina,  la  mancha  de  una  hoguera. 


54  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Edipo  y  Diada,  jóvenes  libres  de  la  campiña. 
Hacen  testigo  al  fuego  de  sus  amores  sabios; 
Con  gestos  y  pellizcos  recaíanse  de  agravios; 


Mientras  él  finge  un  largo  mordisco,  ella  le  guiña 
Y  así  las  horas  pasan  en  su  inocente  riña, 
Como  una  suave  pluma  por  unos  bellos  labios ! 


Ebriedad 


Apurando  la  cena  de  aceitunas  y  nueces, 
Luth  y  Cloe  se  cambian  una  tersa  caricia; 
Beben  luego  en  el  hoyo 'de  la  mano,  tres  veces, 
El  agua  azul  que  el  cielo  dio  a  la  estación  propicia. 


Del  corpino  indiscreto,  con  ingenua  malicia. 

Ella  deja  que  alumbren  púberas  redondeces. 

Y  mientras  Luth  en  éxtasis  gusta  sus  embriagueces, 

Cloe  los  bucles  oálidos  del  amante  acaricia. 


56  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Anochece.  Una  bruma  violeta  hace  vagos 

El  aprisco  y  la  torre,  la  montaña  y  los  lagos... 

Sofocados  de  dicha,  de  fragancias  y  trinos. 


Ella  calla  y  apenas  él  suspírala  :  ¡  Oh  Cloe ! 
Mas  de  pronto  se  abrazan  al  sentir  que  un  oboe 
Interpreta  fielmente  sus  silencios  divinos ! 


Las  Madres 


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Verde  luz  y  heliotropo  en  los  amplios  confines... 
El  cielo,  paso  a  paso,  deviénese  incoloro; 
En  la  fuente  decrépita  iza  un  iris  canoro 
La  escultura  musgosa  de  los  cuatro  delfines. 

Suena,  de  roca  en  roca,  sus  candidos  trintrines 
La  vagabunda  esquila  del  rebaño,  y  en  coro, 
Ante  Dios  que  retumba  en  la  tarde,  urna  de  oro, 
Los  charcos  panteístas  entonan  sus  maitines. 


58  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Y  a  grave  paso  acuden,  por  los  senderos  todos, 
Gentes  que  rememoran  los  antiguos  éxodos  : 
Mujeres  matronales  de  perfiles  obscuros, 


Cuyas  carnes  a  trébol  y  a  tomillo  trascienden. 
Ostentando  el  pictórico  seno  de  donde  penden 
Sonrosados  infantes,  como  frutos  maduros. 


Los  Carros 


Mucho  antes  que  el  agrio  gallinero,  acostumbra 

A  cantar  el  oficio  de  la  negra  herrería, 

Husmea  el  boticario,  abre  la  barbería... 

En  la  plaza  hay  tan  sólo  un  farol  (que  no  alumbra). 


A  través  de  la  sórdida  nieve  que  apesadumbra, 
Los  bueyes  del  cortijo  aran  la  cercanía, 
Y  en  gesto  de  implacable  mala  estación,  el  guía 
Salpica  de  improperios  rurales  la  penumbra. 


6o  JULIO  HERRERA  REISSlG 

Mientras,  duerme  la  villa  señorial...  Los  amores 
De  la  fuente  se  lavan  en  su  mármol  antiguo; 
Y  bajo  el  candoroso  astro  de  los  pastores, 


Ungiendo  de  añoranzas  el  sendero  contiguo, 
Pasan  silbidos  lentos  y  aires  de  tiempo  ambiguo, 
En  tintinambulantes  carros  madrugadores. 


6^i^i^^^l^^^¡Ji^^^i^i^i^^^i^ii^iJ^^ 


La  Dicha 


Todas  —  blancas  ovejas  fieles  a  su  pastora  — 
Recogidas  en  torno  del  modesto  santuario, 
Agrúpanse  las  pobres  casas  del  vecindario, 
Bn  medio  de  una  dulce  paz  embelesadora. 


La  buena  grey  asiste  a  la  misa  de  aurora... 
Entran  gentes  obscuras,  en  la  mano  el  rosario; 
Bendiciendo  a  los  niños,  pasa  el  pulcro  vicario 
Y  detrás  la  llavera,  siempre  murmuradora... 


62  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Se  come  el  santuario  musgoso  la  borrica 

Del  doctor,  que  indignado  un  sochantre  aporrea. 

Transparente,  en  la  calle,  principal  la  botica 


Sugestiona  a  las  moscas  la  última  panacea. 
Y  al  «  ras  »  de  su  cuchillo  cirujano,  platica 
El  barbero  intrigante  :  folletín  de  la  aldea. 


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Buen  Día 


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«  Do  re  mi  fa  »  de  un  piano  de  vidrio  en  el  follaje. 
Regálase  la  brisa  de  un  sacro  olor  a  hinojos; 
Y  protegiendo  el  dulce  descanso  del  villaje, 
Vela  el  paterno  cielo  con  un.  billón  de  ojos... 

Lumbres  en  la  montaña  vuelcan  sobre  el  paisaje 
Clarobscuros  cromáticos  y  vagos  infra-rojo.; 
Pulula  en  monosílabos  crescendos  tm  salvaje 
Rumor  de  insectos;  ladran  perros  en  los  rastrojos. 


^4  JULIO   HERRERA   REISSItt 

De  súbito,  el  sereno,  en  trasnochado  canto, 
Pregona  :  «  ¡  Son  las  cinco  !  »  Tal  como  por  encanto, 
De  gárrulas  comadres  y  vírgenes  curiosas. 


Reviven  los  umbrales;  y  noche  todavía. 

Cruzan  de  boca  en  boca  los  ingenuos  :  «  buen  día  », 

Como  hilos  de  alegre  rocío  entre  las  rosas. 


El  Secreto 


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Se  adoran.  Timo  atiende  solícita  al  gobierno 
De  su  casuca  blanca.  Bión  a  sus  pocas  reses. 

Y  bajo  la  tutela  de  días  sin  reveses, 

Amor  retoza  y  medra  como  un  cabrito  tierno. 

Con  casta  dicha,  Timo,  en  el  claustro  materno, 
Siente  latir  un  nuevo  corazón  de  tres  meses... 

Y  sueña,  en  sus  obscuros  arrobos  montañeses. 
Que  la  penetra  im  rayo  del  Dinamismo  Eterno. 

5 


66  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Ante  el  amante,  presa  de  ardores  purpurinos, 
Se  turba  y  el  secreto  tiembla  en  sus  labios  rojos  : 
Huye,  torna,  sonríe,  se  oculta  entre  los  pinos... 


Bión  calla,  pero  apenas  descifra  sus  sonrojos. 

La  estrecha,  y  en  un  beso  pone  el  alma  en  sus  ojos 

Donde  laten  los  últimos  ópalos  vespertinos. 


•t  t  t  T  t  t  t  t'ft'ffft  t'ffft"ffT'fftt-ft  ft'tTftT-iT 


El   Domingo 


Te  anuncia  un  ecuménico  amasijo  de  hogaza. 
Que  el  instinto  del  gato  incuba  antes  que  el  homo. 
La  grey  que  se  empavesa  de  sacrilego  adorno, 
Te  sustancia  en  un  módico  pavo  real  de  zaraza... 

Un  rezongo  de  abejas  beatifica  y  solaza 

Tu  sopor,  que  no  turban  ni  la  rueca  ni  el  torno... 

Tú  irritas  a  los  sapos  líricos  del  contomo; 

Y  plebeyo  te  insulta  doble  sol  en  la  plaza... 


68  TUIvIO  HERRERA  REISSIG 

i  Olí  Domingo  !  La  infancia  de  espíritu  te  sueña, 
Y  el  pobre  mendicante  que  es  el  que  más  te  ordeña. 
Tu  genio  bueno  a  todos  cura  de  los  ayunos. 


La  Misa  te  prestigia  con  insignes  vocablos, 
Y  te  bendice  el  beato  rumiar  de  los  vacrmos 
Que  sueñan  en  el  tímido  Bethlem  de  los  establos  !... 


wmfífíf^mzfw^msM^sw^wM 


Panteo 


Sobre  el  césped  mullido  que  prodiga  su  alfombra, 
Job,  el  Mago  de  acento  bronco  y  de  ciencia  grave. 
Vincula  a  las  eternas  maravillas  su  clave. 
Interroga  a  los  astros  y  en  voz  alta  les  nombra... 

£l  discurre  sus  signos...  Él  exulta  y  se  asombra 
Al  sentir  en  la  frente  como  el  beso  de  un  ave, 
Pues  los  astros  le  inspiran  con  su  aliento  suave  : 
Y  en  perplejas  quietudes  se  hipnotiza  de  sombra. 


70  JULIO  HERRERA   REISSIO 

Todo  lo  insufla.  Todo  lo  desvanece  :  el  hondo 
Silencio  azul,  el  bosque,  la  Inmensidad  sin  fondo... 
Trasubstanciado  él  siente  como  que  no  es  el  mismo. 


Y  se  abraza  a  la  tierra  con  arrobo  profundo... 
Cuando  im  grito,  de  pronto,  estremece  el  abismo 

Y  es  que  Job  ha  escuchado  el  latido  del  mundo ! 


^í^^^f^<pfpfp€^cj^(píj^<p€^epipípi^^(^ 


La  Misa  Cándida 


j  Jardín  de  rosa  angélico,  la  tierra  guipuzcoana ! 
Edén  que  un  Fra  Doménico  soñara  en  acuarelas... 
Ivos  hombres  tienen  rostros  vírgenes  de  manzana, 
Y  son  las  frescas  mozas  óleos  de  antiguas  telas. 


Fingen  en  la  apretura  de  la  calleja  aldeana, 
Secretearse  las  casas  con  chismosas  cautelas, 
Y  estimula  el  buen  ocio  un  trin-trin  de  campana, 
Un  pum-pum  de  timbales  y  un  fron-fron  de  vihuelas. 


72  JULIO  HERRERA  REISSIO 

¡  Oh  campo  siempre  niño  !  ¡  Oh  patria  de  alma  proba  ! 
Como  mía  virgen,  mística  de  tramonto,  se  arroba... 
A.ves,  mar,  bosques  :  todo  ruge,  solloza  y  trina 


Las  Bienaventuranzas  sin  código  y  sin  reyes... 
Y  en  medio  a  ese  sonámbulo  coro  de  Pallestrina, 
Oficia  la  apostólica  dignidad  de  los  bueyes ! 


P^^^^WVÍI^^^^^W^^^^ 


La  Zampona 


Lux  no  alisa  el  corpino,  ni  presume  en  la  moña; 
Duda  y  calla  cruelmente,  y  en  adustos  hastíos 
Sus  encantos  se  apagan  con  dolientes  rocíos, 
Y  su  alma  en  precoces  desalientos,  otoña. 


Job  también  hace  tiempo  receloso  emponzoña 

Sus  ariscos  afectos  con  presuntos  desvíos. 

Y  a  la  luna  y  durante  los  ocasos  tardíos. 

Da  en  contar  sus  dolencias  a  la  buena  zampona. 


74  JUI.IO  HERRERA  REISSIG 

En  casa,  las  amigas  de  Lux  le  hacen  el  santo. 

La  obsequian  y  la  adulan...  Bulle  la  danza,  en  tanto 

Lux  ríe.  Su  hermosura  esa  noche  destella... 


Mas  de  pronto  se  vuelve  con  nervioso  desvelo. 
La  cabeza  inclinada  y  los  ojos  al  cielo, 
Pues  ha  oído  que  llora  la  zampona  por  ella  I 


La  Escuela 


(p 


Bajo  su  banderola  pertinente,  la  escuela 
Bate  con  aleluyas  de  gorrión  lugareño; 
Y  chatos  de  modorra,  endosados  á  un  leño, 
Unos  tristes  jamelgos  dicen  la  clientela... 


Desde  el  pupitre,  rígido  el  preceptor  recela 
Por  el  decoro  unánime...  mas,  estéril  empeño, 
Amasando  el  «  morrongo  »  cabecea  su  sueño, 
lyO  que  escurre  conatos  sordos  de  francachela. 


76  JUI,IO   HERRERA  REISSIG 

Entona  su  didáctica  de  espesas  digestiones, 
A  cada  rato  un  riego  enorme  de  oraciones... 
Aunque,  a  decir  lo  justo,  su  ciencia  es  harto  exigua. 


I^a  palmeta  y  la  barba  le  hacen  expeditivo.. 
Y  entre  la  grey  atónita,  dómine  equitativo. 
Rebaña  su  mirada  llena  de  luz  antigua. 


^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 


Galantería  Ingenua 


A  través  de  la  bruma  invernal  y  del  limo. 
Tras  el  hato,  Fonoe  cabra  la  senda  terca; 
Mas  de  pronto,  un  latido  dícela  que  él  se  acerca... 
Y  en  efecto  oye  el  silbo  de  Melampo  su  primo. 

A  la  llama,  el  coloquio  busca  sabroso  arrimo; 
Luego  inundan  sus  fiebres  en  la  miel  de  la  alberca; 
Hasta  que  la  incitante  fruta  de  ajena  cerca 
Les  brinda  la  luz  verde  dulce  de  su  racimo. 


y8  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Después  ríen...  ¡  de  nada !  ¿para  qué  tendrán  boca? 
Y,  por  fin  —  Dios  lo  quiso  —  él,  de  espaldas  la  choca 
Y  la  estriega  y  la  burla,  ya  que  Amor  bien  maltrata... 


Y  ella  en  púdicas  grimas,  con  dignidades  tiernas 

De  doncellez,  se  frunce  el  percal  que  recata 

La  primicia  insinuante  de  sus  prósperas  piernas... 


w^^^^^^^^^^^^^ 


El  Guardabosque 


Que  aulle  la  mesnada  o  la  sierpe  se  enrosque, 
Vela  impávido,  y  sólo  que  un  mal  sueño  lo  exija, 
Suspicaz  como  un  gato,  duérmese  el  guardabosque 
Con  su  brazo  de  almohada  y  el  buen  sol  por  cobija. 

Él  se  mira  en  su  selva  como  un  padre  en  su  hija. 
Y  aimque  cruja  la  nieve  y  aunque  el  cielo  se  enfosque 
La  primera  instantánea  del  Oriente  lo  fija 
Como  a  un  genio  hierático.  Sacerdote  del  bosque. 


8o  JXJI.IO  HERRERA  REISSIG 

Los  Domingos  visita  la  cocina  del  noble, 

Y  al  entrar,  en  la  puerta  deja  el  palo  de  roble. 

De  jamón  y  pan  duro  y  de  lástimas  toscas 


Cuelga  al  hombro  un  surtido  y  echa  a  andar  taciturno ; 
Del  cual  comen,  durante  la  semana,  por  tumo  : 
Él,  los  gatos  y  el  perro,  la  consorte  y  las  moscas... 


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El  Baño 


<f> 


Entre  sauces  que  velan  una  anciana  casuca. 
Donde  se  desvistieran  devorando  la  risa, 
Hacia  el  lago,  Foloe,  Safo  y  Ceres,  de  prisa 
Se  adelantan  en  medio  de  la  tarde  caduca. 


Atreve  un  pie  Foloe,  bautízase  la  nuca, 

Y  ante  el  espejo  de  ámbar  arróbase  indecisa; 
Meneando  el  talle.  Safo  respinga  su  camisa 

Y  corre,  mientras  Ceres  gatea  y  se  acurruca... 


6 


$7^  JULIO   HERRERA   RETSRTn 

Después  de  agrias  posturas  y  esperezos  lehuo», 
Gimiendo  un  ¡  ay !  glorioso  se  abrazan  a  las  ondas. 
Que  críspanse  con  lúbricos  espasmos  masculinos... 


Mientras,  ante  el  misterio  de  sus  gracias  redondas, 
Loth,  Febo  y  David,  púdicos  tanto  como  ladinos. 
Las  contemplan  y  pálidos  huyen  entre  las  frondas. 


lAx^cAacAjíipfÁ^cAacAafA^ 


El  Labrador 


Cual  si  pluguiese  al  Diablo  —  vaya  un  decir  —  engorda 
El  granero  vecino  con  la  triple  cosecha... 
Y  aunque  él  jura  y  zuequea,  esta  arcilla  maltrecha 
Sigue  siendo  madrastra  o  que  realmente  es  sorda... 


Mas  con  todo  :  «  ¡  Aire  rubios  !  »  —  tesonero  barbecha, 
Y  bien  que  el  medro  esquivo  no  es  una  vaca  gorda, 
A  Dios  gracias  la  era  patrimonial  desborda... 
Cuanto  para  ir  capeando  la  estación  contrahecha. 


84.  JULIO   HERRERA   REISSTÍ^ 

Y  mientras  el  probable  rendimiento  calctn», 
Con  un  pan  de  la  víspera  entretiene  su  gula... 
Sabe  un  gusto  a  consorte  en  la  masa  harto  linda. 


Por  lo  cual  en  domésticas  bendiciones  se  arroba... 
Y  con  ojos  de  humilde  Lázaro,  el  terranova 
Atisba  las  migajas  que  a  intervalos  le  brinda. 


La  Granja 


Monjas  blancas  y  lilas  de  su  largo  convento, 
Las  palomas  ofician  vísperas  en  concilio, 
Y  ante  el  Sol  que,  custodia  regia,  bruñe  el  idilio. 
Arrullan  al  milagro  vivo  del  Sacramento... 

Una  vü  pesadumbre,  solemne  en  su  aspaviento 
Simtuoso.    ubica  el  pavo  :  Gran  Sultán  en  exilio.. 
El  disco  de  los  cisnes  sueña  Renacimiento, 
Mármoles  y  serenos  éxtasis  de  Virgilio. 


86  TULIO   HERRERA  REISSIO 

Con  pulida  elegancia  de  Tenorio  en  «espiante, 

Un  Aramís  erótico,  fanfarrón  y  galante, 

El  gallo  erige...  \  Oh  huerto  de  la  dicha  sin  fiebre ! 


No  faltan  más  que  el  agua  bendita  y  el  hisopo, 
Para  mugir  las  candidas  consejas  del  pesebre 
Y  cacarear  en  ronda  las  fábulas  de  Esopo. 


'^^^^mWMmBMWMWM 


Otoño 


La  dmídica  pompa  de  la  selva  se  cubre 

De  una  gótica  herrumbre  de  silencio  y  estragos; 

Y  Cibeles  esquiva  su  balsámica  ubre. 

Con  im  hilo  de  lágrimas  en  los  párpados  vagos... 


Sus  cabellos  de  místico  azafrán  Uora  Octubre 
En  los  lívidos  ojos  de  muaré  de  los  lagos, 
Las  cigüeñas  exodan.  Y  los  buhos  aciagos 
Ululuán  la  mofa  de  un  presagio  insalubre... 


88  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Tras  de  la  cabalgata  de  metal,  las  traillas 
Ladran  a  las  casacas  rojas  y  a  las  hebillas.. 
El  cuerno  muge.  Todo  ríe  de  austara  corte. 


El  abuelo  Silencio  trémulo  se  solaza... 

Y  zumba  la  leyenda  ecuestre  de  la  caza, 

En  medio  de  un  hierático  crepúsculo  del  Norte. 


fp<p^(p^(p^ípipiJ^^ípipí^^(J^ipíp^ 


El  Monasterio 


A  una  menesterosa  disciplina  sujeto, 
,:i  Él  no  es  nadie,  él  no  luce,  él  no  vive,  él  no  medra. 
Descalzo  en  dura  arcilla,  con  el  sayal  escueto. 
La  cintura  humñlada  por  borlones  de  hiedra... 

Abatido  en  sus  muros  de  rigor  y  respeto. 
Ni  el  alud,  ni  la  peste,  sólo  el  Diablo  le  arredra; 
Y  como  un  perro  huraño,  él  muerde  su  secreto. 
Debajo  su  capucha  centenaria  de  piedra. 


gr  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Entre  sus  claustros  húmedos,  se  inmola  día  y  noche 
Por  ese  mundo  ingrato  que  le  asesta  un  reproche... 
Inmóvil  ermitaño  sin  gesto  y  sin  palabras, 


En  su  cabeza  anidan  cuervos  y  golondrinas, 
Le  arrancan  el  cabello  de  musgo  algimas  cabras 
Y  misericordiosas  le  cubren  las  gUcinas. 


La  Cátedra 


't> 


De  pie,  entre  sus  discípulos  y  las  torvas  montañas. 
El  Astrónomo  enuncia  todo  un  óleo  erudito. 
Él  explica  el  pentagrama  del  Arcano  Infinito, 
El  amor  de  los  mundos  y  las  fuerzas  extrañas... 


Con  preguntas  que  inspiran  las  nocturnas  campañas, 
I/O  sxmíerge  en  hipótesis  el  pastor  favorito. 
Él  misteria,  y  de  nuevo,  en  un  gesto  inaudito, 
I<o  Absoluto  discurre  por  sus  barbas  hurañas. 


gZ  JULIO   HERRERA  REISSIG 

De  pronto,  suda  y  tiembla,  pálido  ante  el  Enigma. 
El  eco  que  traduce  una  burla  de  estigma, 
Le  sugiere  la  estéril  vanidad  de  su  ciencia. 


Su  voz,  como  ima  piedra,  tumba  en  la  inmensa  hora. 
Arrodíllase,  y  sobre  su  contrita  insolencia 
Guiña  la  eterna  y  muda  comba  interrogadora. 


Éxtasis 


Bión  y  Lucina,  émulos  en  fervoroso  alarde, 
Pennútanse  fragrantés  uvas,  de  boca  a  boca; 

Y  cuando  Bión  ladino  la  ebria  fruta  emboca 
Finge  para  que  el  juego  lánguido  se  retarde... 

Luego  ante  el  oportuno  carillón  de  la  tarde, 
Que  en  sus  almas,  perdidas  inocencias  evoca, 
Como  una  corza  tímida  tiembla  el  amor  cobarde, 

Y  una  paz  de  los  cielos  el  instinto  sofoca... 


94  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Después  de  un  tiempo  inerte  de  silencioso  arrimo. 
En  que  los  dos  ensayan  la  insinuación  de  un  mimo. 
Ella  lo  invade  todo  con  un  suspiro  blando; 


Y  él,  que  como  una  esencia  gusta  el  sabroso  fuego. 
Raya  un  beso  delgado  sobre  su  nuca,  y  ciego 
En  divinos  transportes  la  disfruta  soñando  ! 


^(^e|p£Jt3c^3^3c^><;^>cAt?cit?cip(A>^c^ 


Iluminación  Campesina 


<T> 


Alternando  a  capricho  el  candor  de  sus  prosas, 
Ruth  sugiere  a  la  cítara  tan  augustos  momentos  I 
Y  Fanor  en  su  oboe  de  aterciopelamientos 
Plañe  bajo  el  ocaso  de  oro  y  de  mariposas... 

Ante  el  genio  enigmático  de  la  hora,  sedientos 
De  imposible  y  quimera,  en  el  aire  de  rosas. 
Ponen  largo  silencio  sobre  los  instrumentos. 
Para  soñar  la  eterna  música  de  las  cosas. 


9^  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Largas  horas,  en  trance  de  eucarísticos  miedos, 

Amortiguan  los  ojos  y  se  enlazan  los  dedos... 

—  ¡  Dulce  amigo !  —  ella  gime,  y  Fanor  :  —  ¡  Oh  mi  amada ! 


y  la  noche  inminente  lame  sus  mansedumbres... 
De  pronto,  como  bajo  la  varilla  de  un  hada. 
Fuegos,  por  todas  partes,  brotan  sobre  las  cumbres. 


AI,  AI,  AI,  AI, 

♦EY,  «EY,  AYITAN02  Ern*nOI  FAZ 

♦EPOMAI  TAAMíiN;  IIA  MOI  *0OrrA 

UETATAI  *OPAAHN; 

Z0*0KAH2. 


y 


LA  TORRE  DE  LAS  ESFINGES 


Pslcologadón  Morbo-Panteitta. 


Tertulia  Lunática 


VESPERAS 
Jam  sol  recedit  ignetis., 


En  túmulo  de  oro  vago, 

Cataléptico  fakir. 

Se  dio  el  tramonto  a  dormir 

La  unción  de  im  Nirvana  vago. 

Objetívase  un  aciago 

Suplicio  de  pensamiento, 

Y  como  un  remordimiento 

Pulula  el  sordo  rumor 

De  algún  pulverizador 

De  músicas  de  tormento. 


102  JtlLlO   HERRERA  REISSIG 

El  cielo  abre  un  gesto  verde, 

Y  ríe  el  desequilibrio 
De  un  sátiro  de  ludibrio 
Enfermo  de  absintio  verde... 
En  hipótesis  se  pierde 

El  horizonte  errabundo, 

Y  el  campo  meditabundo 

De  informe  turbión  se  puebla. 
Como  que  todo  es  tiniebla 
En  la  conciencia  del  Mundo. 


Ya  las  luciérnagas  —  brujas 

Del  joyel  de  Salambó  — 

Guiñan  la  «  marche  aux  flambeaux  » 

De  un  aquelarre  de  brujas... 

Da  nostalgias  de  Cartufas 

El  ciprés  de  terciopelo, 

Y  vuelan  de  tu  pañuelo. 
En  fragantes  confidencias, 
Interjecciones  de  ausencias 

Y  ojeras  de  ritornelo. 

Todo  es  postumo  y  abstracto 

Y  se  intiman  de  monólogos 


LOS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA  I03 

Los  espíritus  ideólogos 
Del  Incognoscible  Abstracto... 
Arde  el  bosque  estupefacto 
En  un  éxtasis  de  luto, 
Y  se  electriza  el  hirsuto 
Laberinto  del  proscenio 
Con  el  fósforo  del  genio 
Lóbrego  de  lo  Absoluto. 


Todo  suscita  el  cansancio 
De  algún  país  psicofísico 
En  el  polo  metafísico 
De  silencio  y  de  cansancio.., 
Un  vabo  de  tiempo  rancio 
Historia  la  unción  plenaria, 
Y  cunde,  ante  la  arbitraria 
Lógica  de  la  extensión, 
La  materialización 
Del  ánima  planetaria. 

Del  insonoro  interior 
De  mis  obscuros  naufragios. 
Zumba,  viva  de  presagios. 
La  Babilonia  interior... 


104  JUICIO  HERRERA  REISSIG 

Un  pitagorizador 
Horoscopa  de  ultra-noche, 
Mientras,  en  auto  reproche 
De  contricciones  estáticas, 
Rondan  las  momias  hieráticas 
Del  Escorial  de  la  Noche. 


Fuegos  fatuos  de  exorcismo 
Ilustran  mi  doble  vista. 
Como  una  malabarista 
Rutilación  de  exorcismo... 
Lo  Sub-Consciente  del  mismo 
Gran  Todo,  me  escalofría; 

Y  en  la  multitud  sombría 
De  la  gran  tiniebla  afónica 
Fermenta  una  cosmogónica 
Trompeta  de  profecía. 

Tal  en  un  rapto  de  nieve 
Se  aguza  la  ermita  gótica, 

Y  arriba  la  aguja  hipnótica 
Enhebra  estrellas  de  nieve... 
El  bosque  en  la  sombra  mueve 
Fantásticos  descalabros, 


t.OS   PEREGRINOS   DE   PIEDRA  I05 

Y  en  los  enebros  macabros 
Blande  su  caña  un  pastor. 
Como  un  lego  apagador 
De  tétricos  candelabros. 


Duerme,  la  oreja  en  acecho, 
Como  tm  lobo  montaraz 
Bl  silencio  suspicaz 
Del  precipicio  en  acecho... 
Frunce  el  erial  su  despecho. 
Mientras  disuelve  y  rehusa 
El  borbollón  de  la  esclusa 
Monólogos  de  esquimal. 
En  gárgaras  de  cristal 

Y  euforias  de  cornamusa. 

Alarba  en  ristre,  el  sonámbulo 
MoUno  metaforiza 
Un  Don  Quijote  en  la  liza, 
Encabalgado  y  sonámbulo... 
Tortura  el  humo  un  funámbulo 
Guignol  de  Kaleidoscopio, 

Y  hacia  la  noche  de  opio 
Abren  los  pozos  de  Ciencia 


to6  JULIO  HERRERA  REISSIG 

El  ojo  de  una  conciencia 
Profunda  de  espectroscopio. 


Sobre  la  torre,  enigmático 
El  buho  de  ojos  de  azufre, 
Su  canto  insalubre  sufre 
Como  un  muezín  enigmático... 
Ante  el  augurio  lunático. 
Capciosa,  espectral,  desnuda, 
Aterciopelada  y  muda. 
Desciende  en  su  tela  inerte. 
Como  una  araña  de  muerte, 
I^a  inmensa  noche  de  Budha... 


Ad  completoilnm. 


II 

En  un  bostezo  de  horror. 
Tuerce  el  estero  holgazán 
Su  boca  de  Leviatán 
Tornasolada  de  horror... 
Dicta  el  Sumo  Redactor 
A  la  gran  Sombra  Profeta, 
Y  obsediendo  la  glorieta, 
Como  una  insana  clavija, 
Rechina  su  idea  fija 
La  turbadora  veleta. 


Ríe  el  viento  confidente 
Con  el  vaivén  de  su  cola 


I08  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Tersa  de  gato  de  Angola, 
Perfumada  y  confidente... 
El  mar  inauditamente 
Se  encoge  de  sumisión, 
Y  el  faro  vidente,  en  son 
De  taumaturgas  hombrías, 
Traduce  al  torvo  Isaías 
Hipnotizando  un  león. 


Estira  aplausos  de  ascua 
La  hoguera  por  los  establos  : 
Rabiosa  erección  de  diablos 
Con  tenedores  en  ascua... 
'Un  brujo  espanto  de  Pascua 
De  Marisápalo  asedia, 
Y  una  espectral  Edad  Media 
Danza  epilepsias  abstrusas, 
Como  un  horror  de  Medusas 
De  la  Divina  Comedia. 


En  una  burla  espantosa, 
El  túnel  del  terraplén 
Bosteza  como  Gwynplaine 


I<OS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA  IO9 

Su  carcajada  espantosa... 
Hincha  su  giba  la  unciosa 
Cúpula,  y  con  sus  protervos 
Maleficios  de  hicocervos, 
Conjetura  el  santuario 
El  mito  de  un  dromedario 
Carcomido  por  los  cuervos. 


Las  cosas  se  hacen  facsímiles 
De  mis  alucinaciones, 

Y  son  como  asociaciones 
Simbólicas  de  facsímiles... 
Entre  humos  inverosímiles 
Alinea  el  cañaveral, 

Con  su  apostura  marcial 

Y  sus  penachos  de  gloria. 
Las  armas  de  la  victoria 
En  un  vivac  imperial. 


Un  arlequín  tarambana 
Con  un  toc-toc  insensato. 
El  tonel  de  Fortunato 
Bate  en  mi  sien  tarambana... 


lio  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Siento  sorda  la  campana 

Que  en  mi  pensamiento  intuye; 

En  el  eco  que  refluye, 

Mi  voz  otra  voz  me  nombra; 

Y  hosco  persigo  en  mi  sombra 

Mi  propia  entidad  que  huye  ! 


La  realidad  espectral 
Pasa  a  través  de  la  trágica 

Y  turbia  linterna  mágica 
De  mi  razón  espectral.... 
Saturno  infunde  el  fatal 
Humor  bizco  de  su  influjo 

Y  la  luna  en  el  reflujo, 

Se  rompe,  fuga  y  se  integra 
Como  por  la  magia  negra 
De  un  escamoteo  brujo. 


En  la  cantera  fantasma. 
Estampa  Doré  su  mueca 
Fosca,  satumiana  y  hueca. 
De  pesadilla  fantasma... 
En  el  Cementerio  pasma 


LOS   PEREGRINOS  DE   PIEDRA  IH 

La  Muerte  un  zurdo  can-can; 
Ivadra  en  un  perro  Satán, 
Y  un  profesor  rascahuesos 
Trabuca  en  hipos  aviesos 
El  Carnaval  de  Schumann. 


A-VeRNUS 


III 


TÚ  que  has  entrado  en  mi  imperio 

Como  feroz  dentellada, 

Demonia  tornasolada 

Con  romas  garras  de  imperio . 

Infiérname  en  el  cauterio 

Voraz  de  tus  ojos  vagos, 

Y  en  tus  senos  que  son  lagos 

De  ágata  en  cuyos  sigilos 

Vigilan  los  cocodrilos 

Reprobos  de  tus  halagos  ! 

Consubstanciados  en  fiebre, 
Amo,  en  supremas  neurosis. 


114  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Vivir  las  metemsipcosis 
Vesánicas  de  tu  fiebre... 
Haz  que  entre  ra^'os  celebre 
Su  aparición  Belcebú, 
Y  tus  besos  de  cauchú 
Me  sirvan  sus  maravillas, 
Al  modo  que  las  pastillas 
Del  Hada  Pari-Banú ! 


Lapona  Esfinge  :  En  tus  grises 
Pupilas  de  opio,  evidencio 
La  Catedral  del  Silencio 
De  mis  neurastenias  grises... 
Embalsamados  países 
De  ópalo  y  de  ventiscos, 
Bruma  el  esplín  de  sus  discos, 
En  cuyos  glaciales  bancos 
Adoran  dos  osos  blancos 
A  los  Menguantes  ariscos. 


En  el  Edén  de  la  inquieta 
Ciencia  del  Bien  y  del  Mal, 
Mordí  en  tu  beso  el  fatal 


LOS   PEREGRINOS  DE  PIEDRA  II5 

Manzano  de  carne  inquieta... 
Tu  cabellera  violeta 
Denuncia  su  fronda  inerte, 
Mi  abrazo  es  el  dragón  fuerte 
Y  los  frutos  delictuosos 
Tus  inauditos  y  briosos 
Senos  que  me  dan  la  muerte ! 


Carnívora  paradoja, 
Funambulesca  Danaida, 
Esfinge  de  mi  Tebaida 
Maldita  de  paradoja... 
Tu  miseria  es  de  una  roja 
Fascinación  de  impostura, 

Y  arde  el  cubil  de  tu  impura 

Y  artera  risa  de  clínica. 
Como  un  incesto  en  la  cínica 
Máscara  de  la  I^ocura  !... 


Et  noctem  aaietam  concedet  Dominus. 


IV 


Canta  la  noche  salvaje 
Sus  ventriloquias  de  Congo, 
En  un  gangoso  diptongo 
De  guturación  salvaje- 
La  luna  muda  su  viaje 
De  astrólogo  girasol, 
Y  olímpico  caracol, 
Proverbial  de  los  oráculos, 
Hunde  en  el  mar  sus  tentáculos, 
Hipnotizado  de  Sol. 


Sueña  Rodembach  su  ambigua 
Quimera  azul,  en  la  bíuma; 


Il8  JUI.IO  HERRERA  REISSIG 

Y  el  gris  surtidor  empluma 
Su  frivolidad  ambigua... 
Allá  en  la  mansión  antigua 
lya  noble  anciana  de  leda 
Cara  de  esmalte,  remeda 
—  Bajo  su  crespo  algodón  — ■ 
Bl  copo  de  una  ilusión 
Envuelto  en  papel  de  seda. 


En  la  abstracción  de  un  espejo 
Introspectivo  me  copio 

Y  me  reitero  en  mí  propio 
Como  en  un  cóncavo  espejo... 
La  sierra  nubla  un  perplejo 
Rictus  de  tormenta  mómica, 

Y  en  su  gran  página  atómica 
Finge  el  cielo  de  estupor 

El  inmenso  borrador 

De  una  música  astronómica. 


Con  insomnios  de  neuralgia 
Bosteza  el  reloj  :  la  una; 
Y  el  parque  alemán  de  lima 


LOS  PEREGRINOS  DE   PIEDRA  IIQ 

Sufre  una  blanca  neuralgia... 
Ronca  el  pino  su  nostalgia 
Con  latines  de  arcipreste; 
Y  es  el  molino  una  agreste 
Libélula  embalsamada, 
En  un  alfiler  picada 
A  la  vitrina  celeste. 


Un  leit-motiv  de  ultratumba 

Desarticula  el  pantano, 

Como  un  organillo  insano 

De  un  carrousel  de  ultratumba... 

El  Infinito  derrumba 

Su  interrogación  huraña, 

Y  se  suicida,  en  la  extraña 

Vía  láctea,  el  meteoro. 

Como  un  carbunclo  de  oro 

En  una  tela  de  araña. 


i  Oh,  negra  flor  de  Idealismo ! 
¡  Oh,  hiena  de  diplomacia, 
Con  bihs  de  aristocracia 

Y  lepra  azul  de  idealismo !... 
Es  mi  cáncer  tu  erotismo 
De  absurdidad  taciturna, ' 

Y  florece  en  mi  saturna 
Fiebre  de  virus  madrastros. 
Como  un  cultivo  de  astros 
En  la  gangrena  nocturna. 


Te  llevo  en  el  corazón. 
Nimbada  de  mi  sofisma, 


122  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Como  un  siniestro  aneurisma 
Que  rompe  mi  corazón... 
¡  Oh,  Monstrua  !  Mi  ulceración 
En  tu  lirismo  retoña, 
Y  tu  idílica  zampona 
No  es  más  que  parasitaria 
Bordona  patibularia 
De  mi  celeste  carroña ! 


j  Oh,  musical  y  suicida 
Tarántula  abracadabra 
De  mi  fanfarria  macabra 
Y  de  mi  parche  suicida !... 
—  ¡  Infame  !  En  tu  desabrida 
Rapacidad  de  perjura, 
Tu  sugestión  me  sulfura 
Con  el  horrendo  apetito 
Que  aboca  por  el  Delito 
La  tenebrosa  locura  I 


Oflldum  tenebraniin. 


VI 


Tal  como  en  una  capilla 
Ardiente  de  hiperestesia. 
Entre  grillos  de  anestesia. 
Tiembla  la  noche  en  capilla... 
Un  gato  negro  a  la  orilla 
Del  cenador  de  bambú, 
Telegrafía  una  cu 
A  Orion  que  le  signa  un  guiño, 
Y  al  fin  estrangula  un  niño 
Improntu  hereje  en  miau  ! 


La  luna  de  plafón  chino 
Prestidigita  en  su  riesgo, 


124  JULIO   HERRERA   REISSIG 

Iva  testa  truncada  en  sesgo, 
De  algún  Cuasimodo  chino... 
Sangra  un  puñal  asesino 
En  la  encrucijada  obtusa; 
Y  cual  Tornera  Reclusa, 
Abre  —  entre  sordos  cuidados 
Las  puertas,  con  solapados 
Llaveros  agrios,  la  Intrusa  ! 


Su  hisopo  sacramental 
Vierte  en  el  lago  amatista. 
El  sauce,  como  un  Bautista 
En  gesto  sacramental... 
Diverge  un  fauno  invernal 
El  símbolo  de  sus  cuernos, 
Y  con  sulfuros  internos 
Riela  el  charco  de  disturbio, 
Como  im  tragaluz  del  turbio 
Sótano  de  los  Avernos  ! 


En  el  Coro  de  la  Noche 
Cárdena  del  otro  mtmdo. 
Retumban  su  «  De  Profundo  » 


LOS   PEREGRINOS  DE  PIEDRA  125 

Los  monjes  de  media  noche... 
Desde  el  pulpito,  un.  fantoche 
Cruje  un  responso  malsano, 

Y  se  adelanta  un  Hermano, 

Y  en  cavernosas  secuencias, 
Le  rinde  tres  reverencias 
Con  la  cabeza  en  la  mano. 


Briza  la  insidia  sorda 
Del  bituminoso  piégalo, 
Caronte,  con  el  murciélago 
De  su  barca  —  vela  sorda... 
En  las  riberas  aborda. 
El  desgreñado  turbión, 
Y  como  la  interjección 
De  un  rayo  sobre  la  Nada, 
Se  raja  la  carcajada 
Estridente  de  Plutón !... 


vn 


Mefistófela  divina, 

]\Iiasma  de  fulguración, 

Aromática  infección 

De  una  fístula  divina... 

Fedra,  Molocha,  Caína, 

Cómo  tu  filtro  me  supo  ! 

A  ti  —  ¡  Santo  Dios !  —  te  cupo 

Ser  astro  de  mi  desdoro  : 

Yo  te  abomino  y  te  adoro 

Y  de  rodillas  te  escupo  ! 


Acude  a  mi  desventura 
Con  tu  electrosis  de  te, 


128  JUWO   HERRERA  REISSIG 

En  la  luna  de  Astarté 

Que  auspicia  tu  desventura... 

Vértigo  de  ensambladura 

Y  amapola  de  Sadismo  : 
Yo  sumaré  a  tu  guarismo 
Unitario  de  Gusana, 

La  equis  de  mi  Nirvana 

Y  el  cero  de  mi  ostracismo ! 


Carie  sórdida  y  uremia 

Felina  de  blando  arrimo. 

Intoxícame  en  tu  mimo 

Entre  dulzuras  de  uremia... 

Blande  tu  invicta  blasfemia 

Que  es  una  garra  pulida, 

Y  sórbeme  por  la  herida 

Sediciosa  del  pecado, 

Como  un  pulpo  delicado, 

a  ¡  Muerte  a  muerte  y  vida  a  vida  I  » 


Clávame  en  tus  fulgurantes 

Y  fieros  ojos  de  elipsis, 

Y  bruña  el  Apocalipsis 


LOS   PEREGRINOS   DE   PIEDRA  I29 

Sus  músicas  fulgurantes... 

¡  Nunca  !  ¡  Jamás  !  ¡  Siempre  !  y  ¡  Antes  ! 

Ven,  antropófaga  y  diestra, 

Escorpiona  y  Cliytemnestra ! 

Pasa  sobre  mis  arrobos. 

Como  im  huracán  de  lobos 

En  una  noche  siniestra  ! 


j  Yo  te  excolmugo  Ananké  ! 
Tu  sombra  de  Melisendra 
Irrita  la  escolopendra 
Sinuosa  de  mi  ananké... 
Eres  hidra  en  Salomé, 
En  Brenda  panteón  de  bruma, 
Tempestad  blanca  en  Satzuma, 
En  Semíramis  carcoma, 
Danza  de  vientre  en  Sodoma 
Y  páramo  en  Olaluma  ! 


Por  tu  amable  y  circunspecta 
Perfidia  y  tu  desparpajo, 
Eüelo  mi  cuello  en  el  tajo 
De  tu  traición  circunspecta... 


130  JUI.IO  HERRERA  REISSIG 

Y  juro,  por  la  selecta 

Ciencia  de  tus  artimañas»  ' 

Que  irá  con  risas  hurañas 

Hacia  tu  esplín  cuando  muera, 

Mi  galante  calavera 

A  morderte  las  entrañas  1... 


1909. 


LOS  PARQUES  ABANDONADOS 


BufocorrtU». 


El  Banco  del  suplicio 


.  et  puis  je  suis  partí,  pleurant  comme  un  enfant ! 

iíusset. 


A  punto  de  dormirte  bajo  el  ledo 
Suspiro  del  arcángel  que  te  guía, 
Hirióme  el  corazón  tu  analogía 
Con  una  ingrata  que  olvidar  no  puedo. 


Reclinada  en  el  banco  del  viñedo, 
Jimto  al  tilo  de  exánime  apatía, 
Al  üuso  terror  de  que  eras  mía 
Me  arrodillé  con  tembloroso  miedo. 


I^  JUUO  WSXKERA  REISSIG 

Partido  por  antiguo  sufrimiento. 
Sobre  til  frente  agonicé  un  momento... 
Y  cuando  el  sueño  te  aquietó  en  el  blando 


Tul  irreal  de  los  deliquios  suyos. 
Uniéronse  mis  labios  a  los  tuyos, 
Y  como  tm  niño  me  alejé  llorando ! 


ípipipípt^cpipipt^^(p^Cj^íp(^v^vp<.pcpip 


La  Estrella  del  destino 


La  tumba,  que  ensañóse  con  mi  suerte. 
Me  vio  acercar  a  vacilante  paso, 
Como  un  ebrio  de  horrores,  que  al  acaso 
Gustase  la  ilusión  de  sustraerte. 


En  una  larga  extenuación  inerte, 
Pude  medir  la  infinidad  del  caso, 
Mientras  que  se  pintaba  en  el  ocaso 
La  dulce  primavera  de  tu  muerte. 


136  JULIO   HERRERA   REISSIG 

La  estrella  que  amparónos  tantas  veces, 
Y  que  arrojara,  en  medio  de  las  preces. 
Un  puñado  de  luz  en  tus  despojos. 


Hablóme  al  alma,  saboreando  llanto  : 
«  ¡  Oh  hermano,  cuánta  vida  en  esos  ojos 
Que  se  apagaron  de  alumbramos  tanto !  » 


El  Camino  de  las  Lágrimas 


Citándonos,  después  de  obscura  ausencia, 
Tu  alma  se  derretía  en  largo  lloro, 
A  causa  de  quién  sabe  qué  tesoro 
Perdido  para  siempre  en  tu  existencia. 


Junto  a  los  surtidores,  la  presencia 
Semidormida  de  la  tarde  de  oro. 
Decíate  lo  mucho  que  te  adoro 
Y  cómo  era  de  sorda  mi  dolencia. 


138  JUI.IO   HERRERA  REISSIG 

Pesando  nuestra  angustia  y  tu  reproche. 
Toda  mi  alma  se  pobló  de  noche... 
Y  al  estrecharte  murmurando  aquellas 


Remembranzas  de  dicha  a  que  me  amparo, 
Hallé  im  sendero  matinal  de  esti  ellas. 
En  tu  falda  ilusión  de  rosa  claro. 


La  Gota  Amarga 


Soñaban  con  la  Escocia  de  tus  ojos, 
Verdes,  los  grandes  lagos  amarillos; 
Y  engarzó  un  nimbo  de  esplendores  rojos 
La  sangre  de  la  tarde  en  tus  anillos. 


En  la  bíblica  paz  de  los  rastrojos 
Gorjearon  los  ingenuos  caramillos, 
Un  cántico  de  arpegios  tan  sencillos 
Que  hablaban  de  romeros  y  de  hinojos. 


140  JULIO   HERRERA   REISSIG 

¡  Y  dimos  en  sufrir  !  Ante  aquel  canto 
Crepuscular,  escintiló  tu  llanto... 
Viendo  nacer  una  ilusión  remota. 


Callaron  nuestras  almas  hasta  el  fondo... 
Y  como  un  cáliz  angustioso  y  hondo 
Mi  beso  recogió  la  última  gota. 


La  Sombra  D  olorosa 


<¥» 


Gemían  los  rebaños.  Los  caminos 
Llenábanse  de  lúgubres  cortejos; 
Una  congoja  de  holocaustos  viejos 
Ahogaba  los  silencios  campesinos. 

Bajo  el  misterio  de  los  velos  finos, 
Evocabas  los  símbolos  perplejos, 
Hierática,  perdiéndote  a  lo  lejos 
Con  tus  húmedos  ojos  mortecinos. 


142  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Mientras  unidos  por  un  mal  hermano, 
Me  hablaban  con  suprema  confidencia 
Los  mudos  apretones  de  tu  mano, 


Manchó  la  soñadora  transparencia 
De  la  tarde  infinita  el  tren  lejano. 
Aullando  de  dolor  hacia  la  ausencia. 


I^BB^B^ií^^M^MBB^MMBMMMMMñ 


Luna  de  Miel 


Huyó,  bajo  sus  velos  soñadores, 
La  tarde.  Y  en  los  torvos  carrizales 
Zumbaba  con  dulzuras  patriarcales 
El  cuerno  de  los  últimos  pastores. 


Entre  columnas,  ánforas  y  flores 
Y  as  de  cúpulvivas  catedrales. 
Gemí  en  tu  casta  desnudez  rituales 
Artísticos  de  eróticos  fervores. 


144  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Luego  de  aquella  voluptuosa  angustia 
Que  dio  a  tu  faz  una  belleza  mustia, 
Surgiendo  entre  la  gasa  cristalina 


Tu  seno  apareció  como  la  luna 

De  nuestra  dicha  y  su  reflejo  en  una 

Linfa  sutil  de  suavidad  felina. 


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La  Reconciliación 


<nr> 


Alucinanc'o  los  silencios  míos, 
Al  asombro  de  un  cielo  de  extrañeza, 
La  flébil  cevoción  de  tu  cabeza 
Aletargó  los  últimos  desvíos. 

Con  violetas  antiguas,  los  tardíos 
Perdones  de  tus  ojos  mi  aspereza 
Mitigaron.  Y  entonces  la  tristeza 
Se  alegró  como  un  llanto  de  rocíos. 


10 


146  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Una  prof ética  efluxión  de  miedos, 
Entre  el  menudo  aprisco  de  tus  dedos, 
Como  un  David,  el  piano  interpretaba. 


En  tanto,  desde  el  místico  occidente. 
La  media  luna,  al  ver  que  te  besaba, 
Entró  al  jardín  y  se  durmió  en  tu  frente. 


•ft-t'rffft"ft't"t"ft-fffft"ft"fffft-fffftTt"ffff 


Decoración  Heráldica 


Señoia  de  mis  pobres  homenajes, 
Débete  amar  aunque  me  ultrajes. 

GÓNOORA. 


Soñé  que  te  encontrabas  junto  al  muro 
Glacial  donde  termina  la  existencia. 
Paseando  tu  magnífica  opulencia 
De  doloroso  terciopelo  obscuro. 

Tu  pie,  decoro  del  marfil  más  puro, 
Hería,  con  satánica  inclemencia, 
Las  pobres  almas,  llenas  de  paciencia, 
Que  aun  se  brindaban  a  tu  amor  perjuro. 


X^  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Mi  dulce  amor  que  sigue  sin  sosiego, 
Igual  que  un  triste  corderito  ciego, 
I,a  huella  perfumada  de  tu  sombra. 


Buscó  el  suplicio  de  tu  regio  yugo, 
Y  bajo  el  raso  de  tu  pie  verdugo 
Puse  mi  esclavo  corazón  de  alfombra. 


La  Violeta 


Y  una  violeta  llenó 
el  alma  de  la  tarde. 


Morían  llenos  de  clamor  los  sotos, 
Y  érase  en  aquel  rincón  exiguo, 
Un  misterioso  malestar  ambiguo 
De  dichas  y  de  ayes  muy  remotos. 


¡  Oh,  cartas  !...  en  el  cenador  contiguo 
Las  dalias  recordaron  nuestros  votos, 
Cual  si  se  condoHeran  de  los  rotos 
Castillos  blancos  de  papel  antiguo... 


150  JULIO  HERRERA  REISSIG 

La  tarde  saturóse  en  la  glorieta. 
De  tu  pañuelo  suave  de  violeta; 
Al  par  que  sugiriendo  tus  agravios, 


Veló  el  délo,  como  alma  de  reproche. 
La  violeta  cordial  que  aquella  noche 
Suspendí  de  la  gracia  de  tus  labios. 


mKmm^KW^mmrmmmmi 


La  Novicia 


Surgiste,  emperatriz  de  los  altares. 
Esposa  de  tu  dulce  Nazareno, 
Con  tu  atavío  vaporoso,  Ueno 
De  piedras,  brazaletes  y  collares. 

Celoso  de  tus  júbilos  albares. 
El  ataúd  te  recogió  en  su  seno, 
Y  hubo  en  tu  místico  perfil  un  pleno 
Desmayo  de  crepúsculos  lunares. 


152  JULIO   HERRERA   REISSIG 

Al  contemplar  tu  cabellera  muerta. 
Avivóse  en  tu  espíritu  una  incierta 
Huella  de  amor.  Y  mientras  que  los  bronces 


Se  alegraban,  brotaron  tus  pupilas 
Lágrimas  que  ignoraran  hasta  entonces 
La  senda  en  flor  de  tus  ojeras  lilas. 


1900. 


El  Suspiro 


Quimérico  a  mi  vera  concertaba 
Tu  busto  albar  su  delgadez  de  ondina, 
Con  mística  quietud  de  ave  marina 
En  una  acuñación  escandinava... 


Era  mi  pena  de  tu  dicha  esclava; 
Y  en  una  loca  nervazón  divina. 
El  tropel  de  una  justa  bizantina 
En  nuestro  corazón  tamborilaba... 


154  JUXIO   HERRERA   REISSIG 

Strauss  soñó  desde  el  atril  del  piano 
Con  la  sabia  epilepsia  de  tu  mano... 
Mendigo  del  azul  que  me  avasalla. 


—  En  el  hosco  trasluz  de  aquel  retiro 
De  la  noche  oriental  de  tu  pantalla, 
¡  Bajó  en  süencio  mi  primer  suspiro  !... 


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Consagración 


Surgió  tu  blanca  majestad  de  raso. 
Toda  sueño  y  fulgor,  en  la  espesura; 
Y  era  en  vez  de  mi  mano  —  atenta  al  caso 
Mi  alma  quien  oprimía  tu  cintura... 


De  procaces  sulfatos,  una  impura 
Fragancia  conspiraba  a  nuestro  paso, 
En  tanto,  que  propicio  a  tu  aventura. 
Llenóse  de  amapolas  el  ocaso. 


156  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Pálida  de  inquietud  y  casto  asombro, 
Tu  frente  declinó  sobre  mi  hombro- 
Uniéndome  a  tu  ser,  con  suave  impulso. 


Al  fin  de  mi  especioso  simulacro, 
De  un  largo  beso  te  apuré  con\nilso. 
Hasta  las  heces,  como  un  vino  sacro ! 


El  Enojo 


Todo  fué  así  :  Sahuinábase  de  lilas 
Y  de  heliotropo  el  viento  en  tu  ventana; 
La  noche  sonreía  a  tus  pupilas, 
Como  si  fuera  su  mejor  hermana... 


Mi  labio  trémulo  y  tu  rostro  grana 
Tomaban  apariencias  intranquilas, 
Fingiendo,  tú,  mirar  por  la  persiana, 
Y  yo,  soñar  al  son  de  las  esquüas. 


158  JULIO   HERRERA  REISSIG 

¡  Vibró  el  chasquido  de  un  adiós  violento !... 
Cimbraste  a  modo  de  una  espada  al  viento; 
Y  al  punto  en  que  iba  a  desflorar  mi  tema, 


Gallardamente,  en  ritmo  soberano, 
Desenvainada  de  su  guante  crema, 
Como  tma  daga,  me  afrentó  tu  mano. 


^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 


La  última  carta 


Con  la  quietud  de  un  síncope  furtivo, 
Desangróse  la  tarde  en  la  vertiente. 
Cual  si  la  hiriera  repentinamente 
Un  aneurisma  determ inative., . 


Hurló  en  el  boscpie  un  pájaro  cautivo 
De  la  fascinación  de  una  serpiente; 
Y  una  cabra  enigmática,  en  la  fuente, 
Describió  como  un  signo  negativo. 


loo  JULIO  HERRERA  REISSIG 

En  SU  vuelo  espectral  de  alas  hurañas. 
La  noche  se  acordó  de  tus  pestañas... 
Y  en  tanto  que  atiplaban  mi  vahído 


Las  gracias  de  un  billete  perfumado, 

Ofició  la  veleta  del  tejado 

El  áspero  responso  de  tu  olvido ! 


Rendición 


Evidenciaban  en  moderna  gracia, 
Tu  fina  adolescencia  de  capullo, 
Bl  corpino  y  la  falda  con  orgullo 
Ceñidos  a  tu  esbelta  aristocracia. 


Henchíase  tu  ahna  de  la  audacia 
De  la  Naturaleza  y  del  murmullo 
Erótico  del  mar,  y  era  un  arruUo 
El  vago  encanto  de  tu  idiosincracía... 

II 


l62  JUICIO   HERRERA  REISSIO 

Lució  la  tarde,  ufana  de  tu  moño. 
Ojeras  lilas,  en  toilette  de  otoño... 
Ante  el  crespo  Neptuno  de  la  fuente. 


En  el  cielo  y  tu  faz  brotaron  rosas, 
Mientras,  como  dos  palmas  fervorosas. 
Rindiéronse  tus  manos,  dulcemente  !... 


Ánima  Clemens 


Palomas  lilas  entre  los  alcores, 

Gemían  tus  nostalgias  inspiradas; 

Y  en  las  ciénagas,  de  astro  ensangrentadas, 

Corearon  su  maitín  roncos  tenores. 


En  los  castillos  y  en  los  miradores, 
Encendía  el  ocaso  cuentos  de  hadas; 
Y  aparecía,  al  son  de  agrias  tonadas, 
El  gesto  obscuro  de  los  leñadores. 


164  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Como  una  buena  muerte,  sin  angustia 
Durmióse  el  día,  violeta  mustia... 
En  tan  propicia  media  luz  de  olvido, 


Naufragaron  tus  últimos  lamentos. 
Mientras,  en  los  cortijos  soñolientos, 
Rebotaba  de  pronto  algún  ladrido  !... 


El  Sauce 


A  mitad  de  mi  fausto  galanteo, 

Su  paraguas  de  sedas  cautelosas 

La  noche  desplegó,  y  un  lagrimeo 

De  estrellas,  hizo  hablar  todas  las  cosas. 


Erraban  las  Walkirias  vaporosas 
De  la  bruma,  y  en  cósmico  mareo 
Parecían  bajar  las  nebulosas 
Al  cercano  redil  del  pastoreo... 


l66  JULIO   HERRERA  REISSIG 

En  un  abrazo  de  postrero  arranque, 

Caímos  en  el  ángulo  del  bote... 

Y  luego  que  llorando  ante  el  estanque 


Tu  invicta  castidad  se  arrepentía. 
El  sauce,  como  un  viejo  sacerdote. 
Gravemente  inclinado  nos  unía  !... 


^MBfWMfMMfMWfMWJMM 


La  Fuga 


Temblábamos  al  par...  En  el  austero 
Desorden  que  realzaba  tu  hermosura, 
Acentuó  tu  peinado  su  negrura 
Inquietante  de  pájaro  agorero... 


Nadie  en  tus  ojos  vio  el  enigma,  empero. 
Calló  hasta  el  mar  en  su  presencia  obscura ! 
Inaccesible  y  ebria  de  aventura. 
Entre  mis  brazos  te  besó  el  lucero. 


l68  JULIO   HERRERA   REISSIG 

Apenas  subrayó  el  esquife  vago 
Su  escuálida  silueta  sobre  el  lago, 
Te  sublimaron  trágicos  sonrojos... 


Sacramentó  dos  lágrimas  postreras 
Mi  beso  al  consagrar  sobre  tus  ojos. 
¡  Y  se  durmió  la  tarde  en  tus  ojeras !. 


wim:&tifíwmsmimMíSfMS'^f. 


Expiación 


Errando  en  la  heredad  yerma  y  desnuda. 
Donde  añoramos  horas  tan  distintas. 
Bajo  el  ciprés,  nos  remordió  una  aguda 
Crisis  de  cosas  para  siempre  extintas... 

Vistió  la  tarde  soñadoras  tintas, 

A  modo  de  romántica  viuda; 

Y  al  grito  de  un  piano  entre  las  qumtas, 

Rompimos  a  llorar,  ebrios  de  duda ! 


170  JULIO   HERRERA  REISSICi 

Llorábamos  los  íntimos  y  aciagos 

Muertos,  que  han  sido  nuestros  sueños  vagos. 

Por  fin,  a  trueque  de  glacial  reproche. 


Sembramos  de  ilusión  aquel  retiro; 
¡  Y  graves,  con  el  último  suspiro. 
Salimos  de  la  noche,  hacia  la  noche 


MíM^WMMWMWMWWMWM 


Sepelio 


T» 


Mirándote  en  lectura  sugerente, 
Llegué  al  epílogo  de  mis  quimeras; 
Tus  ojos  de  palomas  mensajeras 
Volvían  de  los  astros,  dulcemente.. 


Tenía  que  decirte  las  postreras 
Palabras,  y  callé  espantosamente; 
Tenía  que  llorar  m'!s  primaveras, 
Y  sonreí,  feroz...  indiferente... 


172  JULIO   HERRERA  REISSIG 

La  luna,  que  también  calla  su  pena, 

Me  comprendió  como  una  hermana  buena... 

Ni  una  inquietud,  ni  un  ademán,  ni  un  modo; 


¡  Un  beso  helado...  tma  palabra  helada. 
Un  beso,  una  palabra,  eso  fué  todo  : 
Todo  pasó  sin  que  pasase  nada  !... 


Sádií 


imor  oadico 


Ya  no  te  amaba,  sin  dejar  por  eso 
De  amar  la  sombra  de  tu  amor  distante. 
Ya  no  te  amaba,  y  sin  embargo  el  beso 
De  la  repulsa  nos  unió  un  instante... 

Agrio  placer  y  bárbaro  embeleso 
Crispó  mi  faz,  me  demudó  el  semblante. 
Ya  no  te  amaba,  y  me  turbé,  no  obstante. 
Como  una  virgen  en  un  bosque  espeso. 


174  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Y  ya  perdida  para  siempre,  al  verte 

Anochecer  en  el  eterno  luto, 

—  Mudo  el  amor,  el  corazón  inerte,  — 


¡  Huraño,  atroz,  inexorable,  hirsuto... 
Jamás  viví  como  en  aquella  muerte. 
Nunca  te  amé  como  en  aquel  minuto ! 


W^m^MMW>¿WW£^M5WMfl 


Color  de  Sueño 


f» 


Anoche  vino  a  mí,  de  terciopelo, 
Sangraba  fuego  de  su  herida  abierta; 
Era  su  paUdez  de  pobre  muerta, 
Y  sus  náufragos  ojos  sin  consuelo... 


Sobre  su  mustia  frente  descubierta. 
Languidecía  un  fúnebre  asfódelo. 
Y  un  perro  aullaba,  en  la  ampHtud  de  hielo, 
Al  doble  cuerno  de  una  luna  incierta... 


176  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Yacía  el  índice  en  su  labio,  fijo 
Como  por  gracia  de  hechicero  encanto, 
Y  luego  que,  movido  por  su  llanto. 


Quién  era,  al  fin,  la  interrogué,  —  me  dijo 
—  Ya  ni  siquiera  me  conoces,  hijo, 
j  Si  soy  tu  alma  que  ha  sufrido  tanto  !.. 


LAS  CAMPANAS  SOLARIEGAS 


IZ 


1 


La  Muerte  del  Pastor 

BAI.ADA   EGI,ÓGICA 


Infeliz  o  semper,  oves,  pecus  .  . 
ViROn.10. 


Se  lo  dijo  a  la  fontana 

El  llanto  de  una  aldeana, 

Ya  el  carrizal  no  lo  duda. 

Que  oyó  gemir  al  Poeta. 

Todo,  todo,  lo  trasuda  : 

El  sauce  y  la  mejorana... 

Es  bien  cierto  :  ¡  Pobre  nieta !. 

Lo  cuenta  en  su  lengua  ruda 
La  Soledad  rusticana; 


l8o  JUICIO  HERRERA  REISSIG 

Lo  deplora  la  campana 
Desde  la  Ermita  desnuda, 
La  zampona  que  está  muda. 
La  flauta  y  la  pandereta, 
Y  hasta  el  cielo  que  interpreta 
Una  gran  tristeza  humana... 


¡Pobre  nieta!... 
¡  Pobre  abuelo  !.. 


Hay  un  gran  beso  de  duelo 
En  la  quietud  del  ambiente. 
Murió  el  pastor  :  ¡  quién  lo  duda  ! 
Desde  la  Ermita  hasta  el  Huerto, 
La  montaña  lentamente 
Se  está  vistiendo  de  viuda  !... 


¡  Es  cierto,  es  cierto  ! 

Ya  todos  saben  que  ha  muerto 

El  mozo  de  la  carreta... 

Por  el  camino  violeta 

Su  corazón  va  llorando 


LOS   PEREGRESTOS   DE   PIEDRA  l8l 

Como  mi  cordero  inexperto  : 
¡  Armando  !  j  Armando  !... 


El  alma  de  las  montañas. 
De  sugestiones  tranquilas, 
]\Iira,  con  penas  hurañas. 
Aquellas  claras  pupilas 
Que  en  el  camino  violeta 
Lloran  con  lágrimas  lilas... 
Muda  está  la  pandereta. 
Mudas  están  las  esquilas. 
Ya  nadie  emboca  las  cañas. 
Desde  que  Armando  está  ausente. 
En  tanto  que  las  montañas 
Miran  pasar  lentamente 
Aquellas  vagas  pupilas 
Que,  tarde  a  tarde,  intranquilas 
Van  a  llorar  a  la  fuente... 


¡  Cuánto  tarda  la  carreta  ! 
¡  Armando  !  ¡  Armando  ! 
Van  sus  ojos  escrutando 
Por  el  camino  violeta... 


l82  JULIO  HERRERA  REISSIG 

Por  el  camino  violeta 
Va  la  pastora  llorando, 
Sin  rumbo,  no  tiene  mando 
Su  voluntad  incompleta... 
—  ¿Llora  acaso  por  Armando, 
El  mozo  de  la  carreta? 
¿Adonde  van  sus  pupilas? 


Por  el  camino  violeta 
Va  la  pastora  dejando 
Su  alma  en  lágrimas  lilas. 
¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 


¿Murió  su  pastor?  ¿Es  cierto? 
Ella  interroga  a  la  vieja 
Choza  y  al  campo  desierto, 
A  la  distancia  bermeja 
Y  hasta  al  porfiado  pedrisco... 
A  la  retama,  al  lentisco, 
A  la  vaguedad  perpleja 
Del  horizonte  incierto, 
Al  palomar,  al  aprisco, 
Al  buey  y  al  cardal  arisco. 


LOS   PEREGRINOS   DE  PIEDRA  1 83 

Al  asno,  a  la  comadreja, 

A  la  congoja  del  Huerto, 

Al  buho  rapaz  que  bisco. 

Un  mito  burlón  semeja... 

Y  todo  le  grita  :  ¡  ha  muerto  !... 


¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 
Su  corazón  va  llorando 
Como  un  cordero  inexperto... 


II 


Cruza  junto  al  Adivino, 
Junto  al  Sabio  y  al  Poeta, 
No  se  fija  en  el  pollino 
Del  anciano  Anacoreta, 

Y  atraviesa  la  meseta, 
Bajo  el  misterio  opalino 
De  aquella  tarde  secreta... 

—  ¿Adonde  va?   ¿Qué  la  inquieta? 

Ya  la  perdieron  de  vista 

Las  cabanas  lugareñas. 

El  pañuelo  de  batista 

Que  de  lejos  le  hizo  señas, 

El  sonámbulo  molino 

Y  hasta  el  estanque  amatista 
Donde  termina  el  camino... 


l86  JULIO   HERRERA  REISSIG 

Va  sin  nimbo,  soñadora 

Por  el  camino  violeta. 

La  pastora... 

¿Por  qué  llora? 

¿Desde  cuándo? 

¿Adonde  va?  ¿Qué  la  inquieta? 

Hoy  se  tarda  más  que  nunca  la  carreta. 

¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 


El  aire  es  de  terciopelo... 
Por  el  camino  violeta, 
Cual  a  través  de  una  grieta. 
Se  ve  cómo  piensa  el  cielo. 
En  el  imibral  el  abuelo 
Está  esperando  a  su  nieta, 
Tiene  en  la  mano  im  pañuelo 

Y  en  los  ojos  el  consuelo 
De  ima  lágrima  secreta... 
Desde  que  partió  la  nieta, 

Llora  a  menudo  el  abuelo,  ^| 

Y  por  un  ceño  de  hielo 

Se  encuentra  ¡  ay  Dios  !  obsedido. 
Él  hace,  con  su  pañuelo. 
Señas  al  Sabio,  al  Poeta, 


I,OS  PEREGRINOS  DE   PIEDRA  187 

A  la  inválida  carreta 

De  andar  penoso  y  dolido, 

A  la  corneja,  al  mochuelo 

Y  al  misterioso  cometa 

Que,  hace  noches,  desde  el  cielo 

Le  está  diciendo  :  ¿Y  tu  nieta? 

¡  Mal  año  tienes,  abuelo  !... 


No  es  esa,  no,  la  carreta 
Que  tú  esperabas,  ni  el  vuelo 
De  aquellas  cornejas  grises 
Te  traerá  de  los  países 
Tenebrosos  a  tu  nieta... 
¡  Pobre  abuelo  !  ¡  Pobre  nieta  !... 
Ya  no  verás  la  carreta 
Por  el  atajo  vecino. 
Ya  no  oirás  la  pandereta. 
Ni  comerás  del  tocino 
Que  te  brindara  tu  nieta... 
Ya  ni  el  Sabio,  ni  el  Poeta 
Podrán  darte  algún  consuelo. 
Ya  no  tendrás  otro  abiigo 
Que  la  lámpara  del  cielo. 
Ni  tendrás  más  fiel  amigo 


l88  JULIO   HERRERA   REISSIG 

Que  el  pobre  perro  mendigo, 

Que  fué  en  un  tiempo  de  Armando, 

Y  que  ha  de  venir  llorando 

A  consolarse  contigo. 

:  Armando  !  ;  Armando  !... 


III 


El  aire  es  de  terciopelo... 
Por  el  sendero  vecino 
Llega  un  eco  mortecino 
De  voces  graves;  el  cielo 
¡  Tiene  un  ensueño  opalino... 
A  la  vera  del  camino, 
El  Sabio  y  el  Adivino 
Conversan  con  el  Poeta 
Sobre  el  Amor  y  el  Destino... 

De  repente,  el  Adivino, 
Después  de  invocar  al  Cielo, 
Solemnizó  :  —  ¡  Pobre  Armando 
i  Es  un  decreto  divino  !... 


igO  JULIO   HERRERA   REISSIG 

Dios  sabe...  —  y  sobre  el  pañuelo 
Se  inclinó  un  rato  llorando... 
Dice  el  Sabio  :  —  ¡  Qué  saeta 
Tuvo  el  ingrato  destino  !... 

—  ¡  Cierto  !,  reza  el  Adivino, 
¡  Era  virtuoso,  era  blando  !., 
Dice  a  su  turno  el  Poeta  : 

—  ¡  Hemos  perdido  un  amigo  !... 
Mientras  el  perro  mendigo 

Se  acerca  al  grupo  ladrando. 
¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 


Hoy  no  viene  la  carreta... 
¡  Qué  desolación  secreta 
Tiene  la  tarde  en  el  Huerto ! 
¡  Adonde  irá  la  pastora  ! 
¿Se  habrá  extraviado  que  llora 
Como  un  cordero  inexperto?... 


IV 


A  la  orilla  de  un  camino 

Que  frecuentó  por  su  infancia, 

Oye  el  rumor  campesino 

De  una  antigua  resonancia... 

Es  el  pino,  el  viejo  pino, 

Que  le  murmura  temblando  : 

—  ¿Qué  es  de  la  vida  de  Armando? 

¿Cuál  ha  de  ser  tu  destino? 

¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 


En  una  de  esas  mañanas, 
De  esas  mañanas  muy  blancas, 
Que  parecen  tener  francas 
Ingenuidades  de  hermanas... 


192  JUUO   HERRERA  REISSIG 

En  una  de  esas  mañanas, 
Al  pie  de  ese  mismo  pino, 
Se  dieron  el  primer  beso 
Y  partieron  su  destino 
Con  una  sola  palabra. 
Mientras  partieron  el  queso. 
El  pan,  la  leche  de  cabra. 
La  miel  y  las  avellanas !... 
En  una  de  esas  mañanas... 


El  perejil  y  el  hinojo, 
El  romero  y  el  tomillo. 
Lamen  el  ruedo  sencillo 
De  su  trajecito  rojo; 

Y  por  el  vago  rastrojo 

Y  el  carrizal  amarillo. 
Llega  Lux,  el  perro  cojo 
Que  perdió  a  su  pastorciUo, 
¡  Armando  !  ¡  Armando  !... 


¿Cómo  lo  ha  perdido  y  cuándo? 
¿De  qué  suerte?  Lux  lo  ignora, 
Pero  aulla  y  lo  deplora 


LOS  PEREGRINOS  DE  PIEDRA  1 93 

Y  al  presentir  la  pastora, 
Brizna  a  brizna  rastreando, 
Corre  a  su  encuentro,  la  implora, 
Pregúntale  por  Armando, 

Si  es  que  murió,  cómo  y  cuándo, 

Y  se  arrodilla  y  lo  llora. 

i  Armando  ]  ]  xArmando  !... 


I —  ¿Adonde  fué  el  pastorciUo? 

—  ¿Adonde  irá  la  pastora? 

—  ¿Qué  será  del  perro  cojo? 
El  adivino  lo  ignora, 

Y  también  el  ruedo  rojo 

Y  el  perejil  y  el  tomillo  !... 


IS 


Nunca  vendrá  la  carreta... 
Ya  no  se  oyen  las  tranquilas 
Dulzuras  del  caramillo, 
Y  el  crepúsculo  amarillo 
Cuenta  una  historia  secreta... 
Muertas  están  las  esquilas. 
Colgada  la  pandereta... 
Sólo  gime  la  campana 
Desde  la  Ermita  desnuda, 
Bajo  el  cielo  que  concreta 
Una  gran  tristeza  hermana  1... 


Mas,  ciertas  noches  no  hay  duda, 
Cuenta  la  grey  rusticana. 


196  JUUO  HERIIERA  REISSIG 

Suele  verse  una  carreta 
Y  detrás  una  serrana 
Tocando  ía  pandereta, 
Por  el  camino  violeta 
Que  conduce  a  la  fontana... 


—  ¡  Adiós,  mañanas  tranquilas ! 
¡  Oh,  qué  destino  nefando  ! 

—  Diz  que  llora  la  silueta, 
Siempre  andando,  siempre  andando. 


—  ¿Qué  ven  sus  glaucas  pupilas? 
¿Adonde  marcha  sin  mando 
Su  voluntad  incompleta?... 
Por  el  camino  violeta, 
Va  la  pastora  dejando 
Su  alma  en  lágrimas  lilas. 
¡Armando!...  ¡Armando!... 

1907. 


NOTA 


NOTA 


Se  emociona  mi  alma  ante  esta  página  que  debo  llenar  por 
última  voluntad  del  gran  lírico  de  Los  Peregrinos.  Yo  bien 
sé  que  este  Hbro,  en  cuyos  ritmos  palpita  el  espíritu  procer 
del  Poeta,  y  en  cuyos  versos  la  inmortalidad  se  vislumbra,  no 
necesitaría,  ciertamente,  otro  epílogo  que  el  de  unas  cuantas 
lágrimas  piadosas. 

¿  A  qué  decir  que  estos  poemas,  popularizados  en  las  tertulias 
de  «  La  Torre  »  y  en  las  hojas  de  los  periódicos  y  cotidianos, 
ejercieron  una  influencia  de  orientación  sobre  los  mejores 
espíritus?  ¿A  qué  decir  que  muchos  caminantes  bebieron 
en  esta  Castalia  inspirada  ?  ¿  A  qué  decir  que  este  vaso  fué  mo- 
delo de  otros  vasos?... 

¿A  qué  decir  que  estas  poesías  son  la  exteriorización  exclu- 
siva de  un  iluminado  que  amó  su  arte  sobre  todas  las  cosas, 
si  en  cada  una  de  las  palabras,  si  en  cada  imo  de  los  giros,  si 
en  cada  una  de  las  ideas,  está  el  numen  puro  de  este  soñador  ? 

i  Oh,  duerme  Poeta  tu  paz  definitiva  bajo  el  ala  de  la  Gloria 
que  tu  genio  —  como  la  Mañana,  en  el  verso  de  Omar  Kha- 
yyam  —  «  ha  lanzado  al  bronce  de  la  Noche  la  piedra  que 
hace  huir  las  estrellas  !...  » 

CÉSAR  Miranda. 


Índice 


Págs: 

Prefacio ♦  .  .  .  v 

lycyenda ,    ,   .  i 

El*  LaureIí  Rosa  : 

Recepción 5 

IpS  ÉXTASIS  DE  I<A  MONTAÑA  : 

El  despertar 17 

El  regreso .    ,    ,  19 

Eralmuerzo ,  21 

La  siesta , 23 

La  velada ,    .  25 

K  alba 27 

La  vuelta  de  los  campos 29 

La  huerta 31 

^larobscuro p    1   »  33 

La  iglesia 35 

El  cura 37 

La  llavera 39 


202  JULIO   HERRERA  REISSIG 

El  consejo 41 

La  noche 43 

El  ángelus 45 

Las  horas  graves 47 

La  flauta 49 

Los  perros 51 

Idilio 53 

Ebriedad 55 

Las  madres 57 

Los  carros 59 

La  dicha 61 

Buen  día '  63 

El  secreto 65 

El  domingo 67 

Panteo 69 

La  misa  candida 71 

La  zampona 73 

La  escuela 75 

Galantería  ingenua 77 

El  guardabosque 79 

El  baño 81 

El  labrador 83 

La  granja 85 

Otoño 87 

El  monasterio 89 

La  cátedra 9» 

Éxtasis yj 

Iluminación  campesina 95 

LtA  Torre  de  las  Esfinges  : 

Leyenda 97 

Tertulia  Itmática lOi 


LOS  PEREGRINOS  DE   PIEDRA  203 

Los  Parques  Abandonados  : 

Bl  banco  del  suplicio 133 

La  estrella  del  destino 135 

El  camino  de  las  lágrimas 137 

La  gota  amarga 139 

La  sombra  dolorosa 141 

Lima  de  miel 143 

La  reconciliación 14S 

Decoración  heráldica 147 

La  violeta i49 

La  novicia 151 

El  suspiro 153 

Consagración iS5 

El  enojo iS7 

La  última  carta IS9 

Rendición 161 

Ánima  clemens 163 

El  sauce 165 

La  fuga 167 

Expiación 169 

Sepelio 171 

Amor  sádico I73 

Color  de  sueño i75 

)^\s  Campanas  Solariegas  : 

La  muerte  del  pastor 179 

Nota i99 

Paria.  —  Imp.  Paul  Düpont  (Cl.)-  43.11.2:^' 


I 

tmp.  ñyménté  -  Í0-S7 


f£6  14  1973 


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PQ 
Ǥ19 
H4P3 
19U 


Herrera  y  Reissig,  Julio 

Los  peregrinos  de 
piedra